Opinión / Ha sido columnista habitual del periódico El Mundo, colaborando también con otros periódicos, revistas, programas de radio y televisión. Ha participado en el programa debate de TVE, 59 segundos.

Tetrapartidismo

Por Rafael Torres 15 diciembre, 2015 - 0:29

Si el respeto a las minorías, a toda clase de minorías, es la esencia de la democracia, habrá que conceder que la nuestra llevaba casi 40 años sin esencia ninguna.

El bipartidismo y su fiel escudero, la ley electoral hecha para su servicio y a su medida, ha venido estabulando a las minorías políticas en una suerte de marginalidad sin remedio, pero cuando parecía que se había encontrado uno con la irrupción de los llamados partidos emergentes, resulta que el dicho fenómeno no viene sino a extremar esa perversión de nuestro débil sistema democrático. O dicho de otro modo: en lo tocante a la pluralidad, que no otro fin práctico persigue el exquisito respeto a las minorías, nada se ha avanzado desde el bipartidismo clásico al tetrapartidismo actual.

Siendo la campaña electoral, como casi todo ya, cosa de la televisión, y quedando reducida aquella por ésta a la condición de espectáculo, no puede sorprender demasiado que la televisión imponga sus reglas sobre las más básicas de la racionalidad y del derecho. Así, y pues las minorías no venden, a menos que estén compuestas por "frikis", se ha expulsado del debate político en las pantallas a los partidos que, pese a tener representación parlamentaria, no interesan al espectáculo, UPyD e Izquierda Unida sobre todo, poniéndoles como condición, si quieren salir un poco, hacer el "friki" precisamente. Las gallinas esas de UPyD o el modoso escrache del bueno de Herzog a las puertas del "debate decisivo" así parecen confirmarlo.

El baile a cuatro no es sino la puesta al día del baile a dos, bien que con su componente de inevitable relevo generacional. Sí, habrá más aparente movida de pactos, pero en realidad sólo pactarán dos, como antes pero incluso menos, pues se invitaba puntualmente a alguna minoría, los nacionalistas, a bailar. Nada debe, pues, estorbar al fotogénico tetrapartidismo, que, como cosa de la televisión que es, tiene sus reglas, distintas y rivales a las de la equidad y la razón.


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