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Opinión / Periodista y analista político.

El debate y la espantosa espantada

Por Pedro Calvo Hernando 01 diciembre, 2015 - 22:51

Las razones que habían dado Rajoy y los suyos para justificar la ausencia del presidente en el debate de "El País" eran inverosímiles, infantiles y ridículas.

Daban la impresión de que sus autores pensaban que este es un país de necios y de ignorantes sobre la realidad política española, todo lo cual me parece ofensivo para mis conciudadanos. Es verdad que Rajoy lo que tenía es un miedo pánico a afrontar un encuentro de esas características con sus tres principales contrincantes en las generales del 20-D. Y es verdad que el presidente Rajoy estaba en lo cierto al temer que una comparecencia con los otros tres podría haber sido desastrosa para él. Pero eso en ningún caso justifica la espantosa espantada, porque su estricta obligación era, en lugar de escaquearse de ese modo, demostrar normalidad y valentía ante sus competidores y ante su pueblo, demostrar un respeto que es la primera condición para merecerse la confianza que busca obtener dentro de tres semanas en las urnas. Y no puedo entender que él y sus asesores no hayan sopesado y valorado los efectos negativos de su negativa a aceptar la invitación de El País. Y lo mismo diré de su rechazo a otras invitaciones similares en las que será sustituido por la vicepresidenta, que, de momento, no le va a sustituir en la opción a la presidencia del Gobierno.

 Y en cuanto a los tres comparecientes, demostraron altura y preparación, completadas con su pertenencia a una nueva generación de políticos que nada o muy poco tienen que ver con sus antecesoras, concretamente con la de Rajoy. Por mucho que a Sánchez se le puedan achacar algunas posiciones poco frescas por influjo de los años pasados en el poder por su partido. Por mucho que a Rivera se le pueda tildar de juguetón ideológico que hace a todo. O por mucho que a Iglesias se le puedan recordar sus vaivenes y moderaciones en los dos años escasos que lleva en estas tareas. El debate venía precedido de multitud de encuestas, confusas en su mayoría, cambiantes en sus resultados y persistentes en situar al PP en primer lugar, aunque sea a milímetros de los otros. Pablo Iglesias es el que destacó en el capítulo de la frescura, lo cual no es una novedad sino la constante de él y su partido desde que aparecieron en el horizonte político. Y es claro también que fue quien más destacó en la innovación del pensamiento político, en viveza y en sentido del humor. Sánchez fue muy hábil al aprovechar en su favor el denso poso de su partido en los cambios democráticos y sociales de la etapa democrática. Y Rivera, tampoco es novedad, supo conectar con las capas moderadas de la sociedad disimulando un poco sus tendencias derechistas.


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