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Opinión / Tribuna

En el adiós de Enrique Maya de Pamplona

Por Manuel Sarobe Oyarzun 22 enero, 2023 - 9:40

Enrique Maya ha decidido poner fin a su carrera política en el ámbito municipal. No es mi intención enjuiciar su gestión, pero sí poner en valor, en su adiós, el mérito de muchos de quienes se han dedicado a tales tareas por estos pagos en circunstancias no siempre fáciles.

Enrique Maya cede el testigo de UPN en Pamplona a Cristina Ibarrola. PABLO LASAOSA

Y es que mientras en cualquier otro lugar los regidores se centran en los asuntos locales, aquí hubo un tiempo en el que el primer objetivo de quienes no se arrodillaron ante ETA fue sobrevivir al cargo. No todos lo consiguieron. La amenaza terrorista convirtió así en héroes anónimos a buena parte de los que consagraron su vida al servicio público.

El primero en caer fue Jesús Ulayar Liciaga, el exalcalde de Etxarri Aranatz tiroteado en presencia de su hijo Salvador. Sus asesinos; Vicente y Juan Nazábal Auzmendi, su sobrino Eugenio Ulayar Huici y Jesús María Repáraz Lizarraga. El dolor que, más allá del execrable crimen, el pueblo de Etxarri ha infligido a la familia Ulayar, empezando por un Ayuntamiento que nombró hijos predilectos a los homicidas, supera el guion más cruel. La última vez que pasé por su casa todavía se podía leer “Gora ETA”, pintada que el consistorio se niega a borrar apoyándose en informes emitidos por Joxe Martín Abaurrea San Juan, agresor convicto y confeso, y mano derecha de Joseba Asirón Sáez.

En 1998 mataron a Tomás Caballero Pastor. HB -con Abaurrea de concejal- le dibujó una diana querellándose contra él. La justicia le absolvió. ETA no. Sus asesinos fueron Francisco Javier Ruiz Romero, homenajeado por la peña Armonía Txantreana, Mikel Javier Ayensa Laborda y Ricardo Viedma Morillas.

En 2001 le tocó el turno al concejal leizatarra José Javier Múgica, un buen hombre que blandía por toda arma una cámara de fotos profesional. Aquella con la que tenía previsto hacer un reportaje de boda el mismo día en el que una bomba lapa adosada a los bajos de su furgoneta le impidió cumplir con su compromiso. Murió abrasado. Un tipo valiente, José Javier, pues, al igual que Ulayar y Caballero, no abandonó su lucha por la libertad, la justicia y la paz aun sabiéndose condenado a muerte. Una víctima más de la ponencia Oldartzen ideada por Adolfo Araiz Flamarique, socio preferente de María Victoria Chivite Navascués, buscando socializar el sufrimiento. Sus asesinos; Andoni Otegui Eraso, Óscar Celarain Ortiz, Juan Carlos Besance Zugasti y Francisco Javier García Gaztelu.

Ramón Alzórriz Goñi -inimaginable con responsabilidades políticas en épocas pretéritas, por el fondo y las formas que gasta- se revuelve molesto contra quienes acusan a los socialistas de encamarse con los herederos de ETA arguyendo que la banda ya no existe. En breve conoceremos las candidaturas a las próximas elecciones municipales. Si, tal y como sostiene Alzórriz, impera la normalidad, es de esperar que el PSN, superando el miedo, presente listas tanto en Etxarri Aranatz como en Leitza, localidades en las que hasta la fecha únicamente concurrían Bildu y Navarra Suma. Con visos de éxito, además, pues en las generales los socialistas superaron en votos a los regionalistas, a quienes podrían arrebatar por tanto sus concejales.

Otro tanto cabe decir de Geroa Bai, segunda fuerza en Etxarri. Animo a Uxue Barkos Berruezo a esforzarse para que etxarriarras y leizatarras puedan votar a su coalición, tanto como lo hizo para conseguirle a Koldo Martínez el escaño en Madrid que las urnas le negaron. Contigo Navarra -Contigo Bildu, más bien- también podría sumarse a los anteriores, contribuyendo así a que la democracia llegue por fin a la Barranca.

Afortunadamente ningún alcalde de Pamplona acabó en un ataúd durante los años de plomo. No por falta de ganas de los terroristas, sobre todo con Yolanda Barcina, sino por las eficaces medidas de seguridad implementadas.

Barcina fue especialmente odiada por el mundo abertzale porque aunaba valentía y valía. Pamplona y Navarra están en deuda con esta mujer que modernizó la capital y aupó al Viejo Reyno a la cúspide del progreso y del bienestar. Una valiosa herencia que antes Barkos y ahora Chivite están dilapidando. La Chula Potra le dedicó un rap en el que la llamaban “puta”, entre muchas otras lindezas, lo cual no mereció reproche penal pues la Justicia lo consideró crítica política. Tomen nota de ello por si algún día quieren despacharse impunemente contra la autoridad. Miembros de la plataforma Mugitu, contraria al AVE, le estamparon tres tartazos en Toulouse.

Los socialistas tampoco se han librado del acoso batasuno. A Asun Apesteguía no la mataron, pero no la dejaron vivir, aunque su hijo Javier parece haberlo olvidado, a juzgar por la condescendencia con la que trata a quienes tanto se ensañaron con ella. Incluso la hoy irreconocible Maite Esporrín ha padecido su ira. Es una lástima que esta valerosa mujer acabe su dilatada vida dedicada a la política municipal siendo la chica de los recados de Joseba Asirón.

Los violentos también la han tomado con Enrique Maya. La última imagen que guardo de él es la de su rostro desencajado, pugnando por escapar, adosado a su escolta, del hostigamiento de unos bildutarras henchidos de odio en la procesión del 7 de julio. En la hora de su adiós, no juzguen por ello a este alcalde solo por una bandera, una pasarela o un carril bici. A él, como a sus antecesores no abertzales, hemos de agradecerles, antes que nada, haberse jugado el tipo por nosotros defendiendo la justicia, la libertad y la paz en un ambiente hostil.

Una reciente encuesta publicada por El Mundo alerta de que la alcaldía de Pamplona pende de un hilo. Pronostica un desplome del PSN, al que atribuye tres pírricos concejales. Muchos me parecen, teniendo en cuenta las traiciones que acumula este socialismo. El pan sin sal impuesto por Cerdán como cabeza de lista parece no convencer a unos votantes que dan por hecho que el triste papel reservado a Elma Saiz, antes de volver a abandonar el Ayuntamiento del que ya se fugó la pasada legislatura, es hacer alcalde a Joseba Asirón a cambio de que María Chivite siga presidiendo Navarra. Se ve que con el apoyo de quienes sí tienen sobrados motivos para votar a los socialistas -terroristas, golpistas, agresores sexuales y malversadores de fondos públicos- no hay suficiente.

En cualquier otro lugar, como digo, discutiríamos de gestión. Aquí, mientras Bildu no reniegue de su siniestro pasado, algo que no tiene la menor intención de hacer, la prioridad de los iruindarras es entregar la vara de mando de nuestra querida ciudad a un demócrata sin tacha. Y está claro que ningún bildutarra lo es, pues nadie que se considere tal se negaría a condenar sin ambages la violencia; la lejana, más sangrienta, y la presente, más sutil. Pamplona no puede caer en manos del candidato aclamado por las hordas fascistas de la calle Curia.

El próximo 28 de mayo ningún nacionalista se quedará en casa. Tampoco lo hagan ustedes, si no lo son. Y es que sumamos más quienes creemos que las diferencias políticas han de ventilarse confrontando en las instituciones en lugar de acosando, insultando y escupiendo a los representantes electos en el acto festivo más entrañable de la ciudad. No se resignen a vivir bajo el yugo de los intolerantes. Alejemos de todo cargo público a quienes todavía no han aprendido a vivir en democracia. Y cuídense también de apoyar a aquellos partidos cuyas tropelías les impidan mirarse a la cara sin avergonzarse de lo votado, que de todo hay esta vez.


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En el adiós de Enrique Maya de Pamplona