Opinión / EntreArtes

Manzanares y “Dalia”, naturalmente

Por Juan Pedro Cano 06 junio, 2016 - 10:14

Sorprendió a tantos como puso de acuerdo, la plaza entregada a Manzanares que hizo el toreo por naturales a un gran toro de Victoriano del Río

El diestro José María Manzanares sale a hombros por la puerta grande tras la Corrida de la Beneficencia. EFE/Zipi
El diestro José María Manzanares sale a hombros por la puerta grande tras la Corrida de la Beneficencia. EFE/Zipi

Una corrida de Victoriano del Río y Toros de Cortés se lidió en el festejo más importante del año, la Beneficencia. Encierro dispar de presentación con algún ejemplar a la baja, justos de fuerzas, mansita en los primeros tercios pero con mucha calidad en la muleta que dieron nota alta al global del conjunto. Destacó el extraordinario quinto y el buen tercero.

Se cumplió aquello de “no hay quinto malo” y “Dalia” puso con su comportamiento la nota alta a la corrida. Otro de los toros importantes de la feria junto con los de Alcurrucén y Baltasar Ibán. En suerte le tocó a un Manzanares que para sorpresa de muchos, puso a todos de acuerdo. Es lo que pasa cuando se hace el toreo. Brilló con el capote, unas chicuelas bajas que recordaron a su progenitor, y con la muleta la faena llegó a momentos que ahí quedan para la historia. Fue cuando Manzanares toreo al natural, es cierto que la faena perfecta no existe, pero las series con la muleta en la zocata fueron insuperables. Encajado, sin fisuras, con despaciosidad y elegancia, alargando los muletazos… momentos sublimes. Lo dicho, el toreo.

Tan magna obra no podía rematarse de otra manera que no fuera con una estocada a ley, y así fue, el toro rodó sin puntilla de manera fulminante. El de Alicante es un cañón con la espada como pocos en la historia del toreo. Dos orejas cortó con petición de rabo, Madrid rendido a Manzanares y el torero roto y entregado en su mejor tarde. El primero de su lote apenas le dio opciones, daba igual, todo estaba preparado con “Dalia” para dejar una tarde marcada en la historia.

A hombros también salió Alberto López Simón, que si bien no terminó de acoplarse con el segundo de su lote que hizo sexto en orden de lidia, desorejó al buen tercero en una faena que cogió pulso y tono con el tendido en el último tramo cuando el de Barajas toreó más ceñido y vertical. Se tiró a matar por derecho y paseó las dos orejas con protestas. Completaba cartel el francés Sebastián Castella que cumplía su cuarto paseíllo en la feria. Lote tan noble como frío estuvo el diestro que en ningún momento logró conectar con los tendidos que otra tarde más le midieron con lupa. Apostó fuerte Castella en esta feria de la que no sale precisamente ganador.

El lunes 30 con lleno en los tendidos se lidió la corrida de Adolfo Martín, correcta de presentación con dos ejemplares un punto por debajo. Encierro noble y bajo de casta en su conjunto al que faltó fondo y finales. Con todo ello, Rafaellillo sumó enteros con su actuación entregada sin medida ni concesiones. Se la jugó de verdad el de Murcia, con la verdad como argumento y el valor de estrategia. Disposición absoluta en una faena al cuarto de la tarde que impregno los tendidos de emoción. No cortó la oreja, pero la vuelta al ruedo fue gloria bendita. Con su primero no logró conectar con los tendidos, el Adolfo que abrió festejo llegó a la muleta tan noble como soso y con esos mimbres difícil hacer un cesto.

Tuvo Castella a cierto sector del público toda la tarde en su contra, que desde el tendido no dejaron de increpar e indicar tanto donde debía ponerse como la manera de hacer las cosas. Tuvo el francés un lote noble y con calidad pero sin transmisión al que por momentos corrió la mano con gusto pero sin ser suficiente para fines mayores de éxito. Completó cartel Manuel Escribano que también con el público en su contra sumó una tarde donde primó más la cantidad que la calidad frente a dos toros sin apenas opciones. Todo voluntad el sevillano que no estuvo del todo acertado tanto con banderillas como con los aceros. Sus tres tardes en Madrid dejan poco poso.

Con poco más de media plaza se lidió el martes 31 la corrida de Moreno Silva, mal presentada, mansa y peligrosa hasta límites infinitos. Violencia indómita y agresividad endemoniada. Más que digna la terna; Sánchez Vara, Alberto Aguilar y Jose Carlos Venegas, ante un encierro que tuvo su lidia –en el sentido más amplio del término- pero que resultó imposible para hacer el toreo. La emoción del toro debe llegar por la combinación perfecta de casta, bravura y nobleza. Otras emociones de alto riesgo no son buenas para nadie, ni tan siquiera necesarias.

Tres cuartos de plaza se cubrieron el jueves dos para ver la corrida de Cuadri que lidió ejemplares tan hondos como acostumbra pero tan nobles como sosos, muy lejos del comportamiento que el aficionado busca en esta ganadería. Y la sosería de los toros se trasladó al tendido en forma de indiferencia hacia una terna que se justificó sin mayores glorias.

Encabo y Robleño no recordarán la tarde, algo más lo hará Rubén Pinar que sumó a los puntos más que sus compañeros en una actuación seria, y tan asentada como templada por momentos con la muleta en la mano izquierda. No obstante fue una tarde sin conexión entre el ruedo y el tendido por la falta de transmisión de los cuadris.

La expectación por ver la corrida de Victorino Martín se plasmó con un cartel de “no hay billetes” que por séptimo día en lo que va de feria se colgó en las taquillas de la plaza de toros de Las Ventas. Encierro bien presentado de Victorino, exigente, seria por delante, destacaron tercero y quinto por su buen juego.

Uceda Leal no se dio coba con el complicado primero y con su segundo la apuesta tampoco fue ganadora. No dio opciones el primero de su lote a Miguel Abellán, sin embargo, el que hizo quinto en orden de lidia fue un gran toro con el que no terminó de acoplarse el madrileño. Otro buen toro fue el tercero, ganas y voluntad de El Cid que no fueron suficientes para que la faena cogiera vuelo. El sexto fue otra cosa, además, a esas alturas de festejo las cuentas entre toros y toreros estaban ya saldadas a favor de los primeros.

Octavo cartel de “no hay billetes” en la última corrida de rejones del ciclo isidril donde se lidió un encierro de Fermín Bohórquez de correcta presentación que resultó manso y desrazado. Destacaron dentro del noble conjunto los lidiados en primero y quinto lugar.

Lea Vicens confirmó alternativa y logró cortar una oreja al sexto de la tarde gracias a su voluntad y un público muy a favor de obra que también supo aprovechar Leonardo Hernández que sumo un trofeo en cada uno de sus toros y de este modo abrió la puerta grande de Las Ventas por octava vez en su carrera y segunda en este feria. Indiscutible el paso triunfal del extremeño por Madrid que estará el próximo 6 de julio en Pamplona junto con Pablo Hermoso de Mendoza al que le tocó en suerte el peor lote.

En sus dos faenas puso todo de su parte y dejó ver su concepto sobrio y puro sin ningún gesto a la galería. No estuvo acertado con los rejones de muerte, pero su maestría quedó patente más allá de las orejas.

Con lleno en los tendidos, cerró feria el domingo 5 una corrida de Miura desigualmente presentada y complicada salvo los lidiados en primer y sexto lugar. Un sobrero de Valdefresno de hechuras imposibles remendó el conjunto. Sobrero que tocó en suerte a Rafaelillo que apenas nada pudo hacer, toda su buena labor había quedado con su primero, uno de los toros importante de la feria “Tabernero”. Faena asentada del murciano que por momentos toreó con gusto al de Miura, para el recuerdo quedan tres naturales inmensos como pocos se recuerdan en la feria. Faltó continuidad al trasteo y sobre todo acertar en la suerte suprema.

El otro toro importante de la corrida fue al lote de Pérez Mota, toro alegre de salida y muy vistoso en la suerte de varas. En la muleta, con la pelea planteada en el tercio por el matador el toro fue a menos y la duda en los tendidos se generalizó. Su primero no le dio opciones, al igual que el lote de Javier Castaño que tan solo puedo estar voluntarioso. Mención aparte merece el tercero de su cuadrilla, Fernando Sánchez puso un par de banderillas para llevarse todos los premios de la feria; por su puesta en escena, por su torería y gallardía, por la forma de andar al toro, por cuadrar en la cara y por salir andando.

PD: y en esto que termina San Isidro  justo coincidiendo con el último peldaño de la escalera sanferminera… 6 de junio… de Madrid al cielo, y de Pamplona al infinito. Ya Falta Menos.


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