Opinión / EntreArtes

En el ecuador

Por Juan Pedro Cano 10 julio, 2018 - 22:05

Llegados a la mitad de los sanfermines la Feria del Toro cambia de marcha.

Miguel Angel Perera durante la cuarta corrida de toros de San Fermín, con el hierro de Fuente Ymbro. MIGUEL OSÉS
Miguel Angel Perera durante la cuarta corrida de toros de San Fermín, con el hierro de Fuente Ymbro. MIGUEL OSÉS

De los carteles más modestos y corridas duras pasamos a los encierros denominados comerciales con la llegada de las figuras. Además, se avecinan dos fechas muy emotivas en la feria como serán la despedida del pirata Padilla y el regreso de Pepín Liria. Todo ello en el remate final que cerrará la tradicional miurada el día 14.

Entre medias, la corrida de este día 10 hacía como de bisagra. Me comentaba un amigo a la mañana mientras desayunábamos que era un cartel burocrático, y se explicaba.

Por un lado los toros de Fuente Ymbro que reparten gustos tanto a toristas como toreristas, y no le falta razón. Matizaba también como la falta de regularidad es un hándicap en la vacada, una lotería a la que juega quien se apunta.

Ricardo Gallardo formó la ganadería con lo más picante de Jandilla, después como es lógico, con el paso de los años ha sabido imprimir a las reses su propio sello en comportamiento e incluso morfológicamente.

El año pasado pinchó en Pamplona, y esta tarde salvo el quinto –con sus cosas- la corrida no hubo por donde cogerla. Mansa, deslucida y sin fuerza en líneas generales se ha ganado por derecho propio el descanso en el serial.

Seguía mi amigo analizando el cartel y lo hacía con los toreros. Comentaba como son toreros de ferias e importantes, pero que la unión de los tres no alcanza a rematar el interés en el cartel. Ahí yo le indicaba que sería cuestión de gustos como todo, aunque bien es cierto que antes de la corrida vi algún tuit que hacía alusión al respecto. La combinación de toros y toreros no parecía levantar mucho interés.

La realidad fue una tarde plomiza, de las que estás deseando que terminen y si la estás viendo por la tele –un día como hoy- cambias de canal para ver el mundial. Cuestión de afición supongo y de contexto, quiero decir, ver como el palco presidencial no devuelve al tercero de la tarde siendo de manual de pañuelo verde no ayuda nada. Ver como una plaza no de primera categoría, sino de primerísima, ha perdido completamente el norte en la concesión de trofeos es un suma y sigue para desconectar en tardes como hoy.

No obstante, todas las tardes de toros hay algo para recordar. Bien sea un quite, un par de banderillas o cualquier otro detalle que por pequeño que sea nos hace salir de la plaza si no con buen sabor de boca, por lo menos no amargo. Hoy no fue un detalle chico, hoy fue una actuación sensacional y rotunda del extremeño Miguel Ángel Perera.

Fue con el segundo de su lote, quinto en orden de lidia, el mejor dentro de la ruina de encierro. Un toro que arreó con genio pero que transmitía por esa violencia sin ritmo en sus acometidas.

Perera con su muleta es un mandón del toreo, con ella en la mano diestra supo dar fiesta al de Fuente Ymbro. Un cuerpo a cuerpo donde el extremeño salió victorioso pero el mal uso de la espada privó su actuación de premio.


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