Opinión / Juan Manuel Fernández es vocal del Consejo General del Poder Judicial y expresidente del Tribunal Superior de Justicia de Navarra.

Mario y nuestro ‘Equipo A’

Por Juan Manuel Fernández 03 julio, 2016 - 23:01

Aún conmocionado por la trágica noticia del fallecimiento de Mario Zunzarren, quiero, no obstante, expresar mi dolor a través de estas líneas, rindiéndole un sentido homenaje de cariño, respeto y agradecimiento.

Conocí a Mario en el año 1995. Yo era el titular del Juzgado de Instrucción nº 1 de Pamplona, y en marzo de aquél año entró un asunto cuya complejidad, envergadura y gravedad apreciamos de inmediato. El fiscal del caso, mi querido amigo Javier Muñoz, y yo procedimos, como una de las primeras medidas, a la constitución de un grupo policial de trabajo, un grupo de Policía Judicial, en el sentido pleno del término.

Un grupo con no pocas peculiaridades, ya que fue una experiencia absolutamente novedosa en la Comunidad foral y en España, toda vez que tuvo carácter mixto, al estar formado por miembros, jóvenes miembros, de la Policía Foral y del Cuerpo Nacional de Policía, actuando únicamente bajo nuestras órdenes. Para la entonces incipiente Policía Foral aquello marcó un antes y un después, fue un aldabonazo que vino a demostrar que nuestra Policía estaba en perfectas condiciones, por preparación, vocación y capacidad de esfuerzo de asumir los retos que la sociedad navarra esperaba de su querido cuerpo policial. Aquello vino a demostrar, además, que el trabajo conjunto y cohesionado entre cuerpos policiales era factible.

Uno de los integrantes de aquél grupo, nuestro peculiar ‘Equipo A’, era Mario. Largas horas de sacrificio, de trabajo, de innumerables viajes por todo el territorio nacional, y nunca la más mínima queja, antes al contrario, siempre sonriente, siempre afable y optimista, levantándonos la moral a todos cuando las cosas se torcían: responsable, cabal, ya que todos éramos conscientes de que teníamos entre manos algo que no solo marcaría nuestras vidas sino que las consecuencias de aquello que íbamos viendo día a día, serían muy graves y muy dolorosas. Por ello era preciso actuar con determinación, pero también con la sutileza y el cuidado que evitara males innecesarios.

El primero en apuntarse a ir adonde hiciera falta, a trabajar sin desmayo en el análisis de la documentación que íbamos recabando, que nos abrumó en más de una ocasión. Exquisito en el trato con los investigados, con los testigos, con todo el mundo. Siempre pensé que, dada su afición literaria, algún día escribiría la historia de aquellos meses en los que vivimos apasionadamente pero, desgraciada y lamentablemente, ello no podrá ser así. Pero nos quedarán sus poemas, sus artículos de opinión, fiel reflejo de su modo de entender su profesión y la convivencia, su libro de entrevistas a los presidentes de la Comunidad foral. Y quienes le conocimos conservaremos su lealtad, su valor, su camaradería, su sonrisa y ese sentido del humor que tanto nos ayudó a todos.

Estimada familia de Mario, queridas hijas suyas, amigos y miembros de la Policía Foral, recibid mi testimonio de dolor y agradecimiento.

Descanse en paz.


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