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Opinión / A mí no me líe

El pacto de sangre de Txibite con Bildu

Por Javier Ancín 27 octubre, 2021 - 9:58

Esta hornada de políticos que ha parido el PSOE nafarroano del siglo XXI: Txibite, Coronalzórriz, Santos Ídem... ya no son mi malos, (...) estos solo son cutres.

María Chivite, presidenta del Gobierno de Navarra (i), habla con Bakartxo Ruiz (d), portavoz de EH Bildu, durante el pleno del parlamento de Navarra. MIGUEL OSÉS
María Chivite, presidenta del Gobierno de Navarra (i), habla con Bakartxo Ruiz (d), portavoz de EH Bildu, durante el pleno del parlamento de Navarra. MIGUEL OSÉS

Terceros presupuestos que le aprueba el partido de la eta a la presidenta Chivildu. Tercera vez que Txibite prefiere que chorree sangre inocente de esas cuentas, que prescindir de los apoyos de los que solo han traído muerte a Navarra. Pues nada, es lo que hay.

Para la historia quedará su proeza. Una ascensión por dentro del partido, reptando por encima de todos los que se le pusieran por delante, como esos repelentes pies descalzos que trepan en los castillos humanos que montan en Cataluña, y cuando llegó arriba, atornillada al poder por aquellos que pusieron bombas hasta en centros educativos llenos de jóvenes. María Chivildu es así, una buscavidas sin más escrúpulos que los de cobrar una nómina más, un mes más, una semana más, un día más. Ese será su legado, la viva al bollo y el muerto que se joda y que no moleste, que solo se llega al poder una vez en la vida... y lo que es mejor, que solo se disfruta de los privilegios que te otorga el poder una vez en la vida.

Esta hornada de políticos que ha parido el PSOE nafarroano del siglo XXI: Txibite, Coronalzórriz, Santos Ídem... ya no son mi malos, los malos eran los anteriores, aquellos Urralburu y cía, estos solo son cutres. Canallitas de cubata en vaso de tubo. Boronos sin más pretensión que la de vivir de la política hasta que vuestros hijos trabajen. Eso sí, muy progresistas, que debe de ser un estilo musical... y muy rojos. Rojísimos.

Cuando esta gente del PSOE nafarroano se define como roja no se dan cuenta de que lo que automáticamente completa nuestra mente, siempre dada a rellenar los baches de una narrativa, es imaginarlos cubiertos con la inocente sangre viscosa que sus socios nos trajeron a la sociedad.

Yo a Coronalzórriz, como paradigma de la política de este socialismo navarro que padecemos lo digo, por ejemplo, me lo imagino de adorno colgando del retrovisor, como los pinos que daban peste en nuestra infancia, de la mítica escena de Pulp Fiction en la que los dos mafiosos pistoleros acaban llamando al señor Lobo porque ponen todo el coche perdido. No hay más. Pactar con los asesinos es lo que les convierte en rojos, salpicaduras de sangre y vísceras por toda la tapicería, por los cristales de las ventanillas y parabrisas. Rojísimos. Los más rojos del universo... y los más nauseabundamente pegajosos.

Son tan cutres, tan carentes de épica, aunque sea en su forma antónima, malvada, que me es imposible conseguir que operen en un texto como personajes literarios. Con ellos solo se puede hacer escarnio, esa fórmula estilística que básicamente consiste en rellenar una hoja señalando su completa y absoluta inutilidad. El este es bobo de toda la vida cuando ves a un bobo haciendo el gilipollas antes de girarte hacia las cosas importantes. Los libros, por ejemplo.

Ando estos días de vino y frenadoles, vuelven los catarros a sus tejados a anidar, enfrascado en la lectura de una autora que me convierte en tibio socialdemócrata, Fran Lebowitz, de lo corrosiva que es. Un día cualquiera en Nueva York, que es la recopilación de textos de esta cronista social, es lo mejor que me ha pasado hace tiempo. Scorsese le ha hecho una serie, para los amantes del asunto, pero yo prefiero leerla, que es como meterte en boca ácido sulfúrico y lo que es mejor, disfrutarlo.

Alterno la carcajada más salvaje con la melancolía más destructiva. Yo tenía que haberme dedicado a la crónica social frívola neoyorquina, pero aquí me tenéis, enredado con la crónica zoológica provinciana del estercolero de Irroña. En fin, mierda de vida. Y eso es todo.

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El pacto de sangre de Txibite con Bildu