Opinión / A mí no me líe

Hay que prohibir el Olentzero

Por Javier Ancín 27 Diciembre, 2017 - 9:06

Hacía muchos años que no veía el Olentzero -sí, hasta yo tengo fotos de crío disfrazado de aldeano vasco, con esas horteras chaquetas con pompones.

El viejo carbonero fue recibido por el alcalde Joseba Asirón (Bildu) en la plaza consistorial. EFE/Jesús Diges
El viejo carbonero fue recibido por el alcalde Joseba Asirón (Bildu) en la plaza consistorial. EFE/Jesús Diges

Por tener tengo una con la camiseta de la Real, pero esa me mola, porque yo soy un burgués, como los donostiarras- y lo que presencié me pareció un espectáculo no apto para menores de edad.

En realidad fue una emboscada. Había quedado en la plaza del Castillo con la cuadrilla para tomar el tradicional gintonic (que fueron dos, a escondidas de la chavalada) precena del 24 de diciembre y no pude hacer nada por escapar. Preñado de espíritu navideño del si no puedes con tu enemigo, únete a él -efecto de la ginebra seguramente, para que voy a mentir en estas fechas tan entrañables-, cogí a tres hijos de unos amigos míos y nos pusimos en primera fila para ver pasar el Olentzero.

Vamos a obviar el hecho de que los cartelitos que portaban sus acólitos en ese desfile surrealista estaban solo en euskera, atacando el bilingüismo de está comunidad. También vamos a obviar que, pese a que hay humanos en el planeta tierra, tengan que utilizar un muñeco, espantoso, dicho sea de paso.

¿Si ha habido en esta ciudad un movimiento contra un blanco que se pintaba de negro por qué tenemos que tolerar que de un ser humano haga un muñeco de cartón piedra? Yo, como persona humana, me siento insultado, completamente ultrajado. Por unas cabalgatas con personas humanas y no con monigotes, ya.

¿Y sobre la utilización de pieles con las que visten a ese monigote y la utilización de animales para divertimento del personal el Partido Animalista PACMA, por qué calla hipócritamente? A saber qué tienen que ocultar.

Lo que no se puede pasar por alto es que en el año 2017, después de las campañas contra el tabaquismo que ha habido en nuestra sociedad, tengamos que tolerar que ese muñeco infecto salga delante de nuestros hijos fumando. ¿Estamos locos? Todo el trabajo para conseguir erradicar el tabaquismo juvenil tirado por la borda por no hablar claro, por no querer herir susceptibilidades irracionales identitarias.

El Olentzero es como Maradona en el partido contra la droga: una mentira, un mal ejemplo para la juventud. Basta ya de que ese monigote salga con una pipa delante de niños indefensos. El Olentzero no puede hacer apología de productos cancerígenos como lo hace. ¿Qué intereses ocultos capitalistas e imperialistas hay detrás de ese gesto que nadie se atreve a señalar?

¿El ayuntamiento subvenciona y participa, poniéndose de rodillas el alcalde delante de él, de este demencial espectáculo en nuestras calles y no pasa nada? Es hora de dar un paso al frente y denunciar estos gravísimos hechos. Y si solo fuera ese hábito, pero es que además es un alcohólico que obliga incluso a cantarlo a los niños. ¿Eso queremos, normalizar las borracheras entre nuestros pequeños para que luego se maten por las carreteras, llegado el momento de tener edad para ponerse al volante? Beba pero no haga proselitismo delante de chavales, joder, que tampoco es tan difícil.

También hace bandera de la obesidad el tunante vasco, fruto de una dieta desequilibrada que como todos sabemos solo puede traer colapso a nuestra sanidad foral por el infarto masivo al que está abocado. Mal. Hay que concienciar a la población de que es mejor prevenir que curar.

Y para colmo, incluso practica el capitalismo salvaje sin importarle nada lo que pasa en su entorno. Que con los problemas que tenemos en nuestra sociedad con el cambio climático por el pequeño uso de energías renovables, los niños de nuestra ciudad tengan que hacerle la rosca a un empresario de combustibles fósiles, para que les traiga regalos, me parece un despropósito.

Si queremos que nuestras nuevas generaciones estén concienciadas con el medio ambiente, urge quitar a ese carbonero criminal de nuestras vidas. No podemos dejar que incite a la continua contaminación de nuestro aire, fomentando la utilización de un producto tóxico con el que, además, quiere forrarse vendiéndolo, que gratis aquí no hay nada.

El folclore vasco debe actualizarse. Es hora de poner orden en este personaje desfasado y casposo. O cambian sus tradiciones intolerables para el siglo XXI o habrá que empezar a pedir su prohibición. Creo que lo mejor que podrían hacer es poner en la carroza a un runner tirillas, de los de la Behobia-San Sebastián, con albarcas con cámara de aire supinador en un pie y pronador en el otro, calcetín gordo blanco prieto hasta la corva de la rodilla para evitar lesiones en el soleo, pantaloneta beltza tradicional -de las de toda la puta vida-, camiseta de tirantes con publicidad del país, como los aizkolaris y, para dejar patente su compromiso con las energías verdes, una boina con hélice encima, como símbolo de la defensa de los cientos de molinos de viento que pueblan nuestros paisajes, nuestras tierras, nuestros montes, nuestra idiosincrasia: la aerotxapela podríamos bautizarla. Así, sí.

Merecemos poder mandar al asilo al Olentzero y poner a un korrikalari con el índice de masa corporal adecuado a desfilar en nochebuena para que nuestros hijos tengan unos referentes más sanos, unos referentes más saludables y respetuosos con el medio ambiente. Unos referentes más acordes con el nuevo milenio. Ya es hora de que abramos este debate, sin miedo, durante tantos años silenciado por los poderes fácticos aberchándales.

A ver si solo vamos a tener que hablar de lo que los capitalistas e imperialistas vascos quieren que hablemos. Libertad-libertad. Y eso es todo.


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