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Opinión / A mí no me líe

Los aberchándales, en manada, a la caza del negro

Por Javier Ancín 14 octubre, 2022 - 10:38

Oh, maldita libertad, una bandera de España en la plaza de la Navarrería.

NAVARRA TELEVISIÓN
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Vaya semanita lleva el aberchandalato en Irroña. Primero les dio por declararle la guerra al deporte femenino y después les ha dado por intentar linchar en manada a une persone racializade porque llevaba, oh, anatema, oh, maldita libertad, una bandera de España en la plaza de la Navarrería.

El vídeo que ha trascendido es para verlo. Desde que han dejado de tener los aberchándales el prestigio del miedo con el que se vestían antes, dar miedo te hace muy poderoso, el tiro en la nuca y coche bomba hacían bajar muchas miradas para no ver la auténtica realidad del asunto; ahora sin él, sin el parapeto del asesinato, pudiendo observar tranquilamente, ves lo ridículo que ese mundo ha sido siempre, la entre penita y vergüenza ajena que producen contemplarlos en acción.

Una manada de energúmenos con te equis a la caza del negro, como en los peores tiempos de Alabama, la euskkkalerría de las tres kas contra la sociedad libre. Una persona, un ciudadano, convertido en atlante, solo ante el peligro que se cierra sobre su imponente figura. Un individuo con una dignidad majestuosa, hecho columna que sustenta en ese momento toda nuestra civilización, todo nuestro mundo.

Hay un aberchandal que en un momento dado se arranca con la furia del odio, ciego, salvaje, y le tira un puñetazo con una saña de bestia... y nuestro negro lo esquiva con una finta digna de Mohamed Alí, sin levantarle en ningún momento los puños, ni para montar una guardia defensiva, casi divertido, poniéndole en cualquier caso, frente al espejo de su miseria humana. Esto eres, pardillo, un pobre diablo consumido de rencor que no es capaz ni de consumar su felonía, de conseguir su objetivo de herir, con sangre.

Una vez oí decir a Nelson Mandela que aquellos que se comportan con moralidad, integridad y coherencia no deben temer a las fuerzas de la inhumanidad y la crueldad. Ese hombre con su sola  presencia pacífica, en ningún momento levanta los puños contra los que se cierran contra él para agredirle, ha derrotado a la jauría aberchándal solo con la mirada.

El intrépido aberchándal lo intenta de nuevo, con desesperación, para que su parroquia fanática crea que avanza otra vez... retrocediendo, pero ya sabe que ha sido derrotado, el miedo ha cambiado de bando, se le nota acojonado, haciendo muchos gestitos eso sí, en plan no te mato porque me sujetan.

Le sujeta sobre todo el pánico que le ha brotado de dentro, al no haber conseguido que todo su odio pudiera romperte la cara al solitario ciudadano que porta la bandera de España sobre los hombros, como ellos portan la ikurriña sobre los suyos. Cuando toda tu fuerza se concentra en la violencia que eres capaz de producir y no consigues tu objetivo, tu puño no alcanza piel, no impacta en nadie, temes recibir lo mismo, como un boomerang que has lanzado contra la nariz de una persona que logra esquivarlo y te asustas. Mucho. Es curioso cómo opera el miedo en un violento, poder verlo, y esta vez lo hemos contemplado fotograma a fotograma.

El asunto es tan demencial, cómo tendrán de roídas las cabecicas esta gentecilla aberchádal, que para justificar el intento de linchamiento caen en el odio doble. Nosotros no tenemos nada contra las mujeres o los negros, solo contra las mujeres españolas y los negros españoles. Es decir, llama español a lo que odias y tendrás patente de corso para destruirlo. Ese es el derecho que reclaman, poder seguir ejerciendo violencia contra todo lo que no les gusta.

Nuestro verdadero drama como sociedad no es que el violento sea violento, sino que su odio ha sido el motor que le ha llevado al poder en Navarra, que con este esquema ideológico criminal pacta Txibite, también Sánchez, el PSOE al completo. A esta marmita de odio le debe Txibite, todo el PSOE, también Sánchez, su presidencia. Sin este mundo, Txibite, también Sánchez, el PSOE sin fisuras, nunca habría llegado al trono de Navarra ni de España. Y eso es todo.


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Los aberchándales, en manada, a la caza del negro