Opinión / Periodista, escritor y comentarista político.

Ridículo

Por Isaías Lafuente 08 septiembre, 2016 - 7:58

En política, después de robar y de mentir, lo peor que se puede hacer es el ridículo.

Y el ridículo es lo que han hecho en los últimos días el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, y el ministro de Economía, Luis de Guindos, al defender con algunas mentiras la indefendible promoción del exministro José Manuel Soria al Banco Mundial representando a nuestro país.

Los Papeles de Panamá sacaron a la luz empresas familiares de Soria en el paraíso fiscal y el entonces ministro en funciones se explicó durante días con diferentes versiones que se demostraron sucesivamente mentiras. Fue la mentira la que le llevó a dimitir y la que le tendría que haber alejado de la vida pública de por vida. Pero no, el gobierno ha querido premiar al político mentiroso con un puesto en una institución internacional y con un sueldo de 226.000 euros al año libres de impuestos.

Si no fuera tan grave parecería una broma. Pero no es una broma que el presidente en funciones que aspira a repetir, que presiona a la oposición para que facilite su investidura afirmando que nuestra interinidad institucional proyecta una pésima imagen de nuestro país en el mundo y que se presenta como un adalid de la lucha contra la corrupción, decida que la mejor decisión que puede tomar en funciones es promocionar a un exministro mentiroso y tramposo para que represente a España en el Banco Mundial.

En esta ocasión se ha pasado tanto de frenada que hasta en su partido se han levantado voces escandalizadas frente al esperpento. Pero la rectificación no lo redime del ridículo hecho. Porque si todo era tan normal como ha sostenido Rajoy en estos días, es muy difícil de explicar que se le prive a José Manuel Soria de su derecho. Pero si la promoción no era limpia sino un ejercicio de mero enchufismo hacia el amigo, el presidente en funciones debe explicar por qué ha hecho algo tan inexplicable. Es de sentido común, como diría él.


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