Opinión / Sabatinas

Una cierta edad

Por Fermín Mínguez 29 septiembre, 2018 - 7:45

Llevo un tiempo escuchando esto de que ya tengo una cierta dad, o que no sé quién la tiene, o es una cierta edad para hacer tal o cual cosa, ¿les suena? Suelen decirlo quienes se quieren justificar por algo que no hacen curiosamente, pero ya empieza a tocarme las narices.

Dos árboles de gran envergadura y edad sobre un atardecer.
Dos árboles de gran envergadura y edad sobre un atardecer.

Díganme la verdad. ¿cuántas veces les han dicho esto de que ya tienen una cierta edad? A mí desde que Maryjo me dijo que me fijara me lo han dicho bastante, no sé si será por eso de que en lo que pones atención tienes la sensación de que se produce más veces pero lo he oído mucho, por eso quería saber si a ustedes también.

No lo acabo de entender, disculpen, ¿quién decide qué edad es buena para lo que sea?, ¿hay un comité para esto?, ¿un ser inexistente, el Ine, tiene las tablas de lo que corresponde a cada edad?, creo que lo que capacita a las personas para hacer lo que se propongan son sus habilidades, su talento, sus capacidades, su entrenamiento, su capacidad de sufrimiento, su convencimiento y su actitud, por poner algunos ejemplos.

Todas juntas mejor pero al menos algunas de ellas que estén. Pueden cambiarle el nombre y el enfoque, pero es lo que mi padre llamaba rasmia y esfuerzo, que ahora llamaríamos resiliencia y enfoque a los objetivos y Paulo Coelho llamaría ser un lirio entre zarzas espinosas y lobos hambrientos (el día que me lea me cruje…) pero en ninguno de los casos la edad sería un limitante.

Hay cosas que planteadas en positivo se difuminan pero en negativo se entienden mejor, por ejemplo, un imbécil puede serlo desde los 15 hasta los 75 sin problema ninguno. No me digan que no conocen niños insoportables (los suyos no, claro) pues si no ponen remedio serán igual de insoportables como adolescentes, (los suyos tampoco), como adultos (ustedes no), y como viejos, y encima con recorrido, (Si alguien se siente ofendido por lo de viejo, por favor disculpe y que lo cambie por senior, talludito, anciano, o cualquiera de las horteradas que utilizan para disimular la edad, como si fuera mala)

No, queridas y queridos, no, lo de tener una cierta edad es una tontería como un piano. En primer lugar porque uno llega a las etapas de la vida a su ritmo y hay quien quema en tres años veinticinco de experiencias y hay quien no quemará ni dos en toda su vida.

Además se aplica siempre para meter presión, qué rabia da, “no crees que tienes ya una cierta edad para…” complétenlo, a ver si les sale algo que quieran hacer. ¿Lo ven?, la mayoría es en negativo. Como si tuviéramos la obligación de dejar lo bueno para pasar a la siguiente etapa, como si la vida fuera un concurso de esos con castings a los que sólo me presentaría si los dirigiera Lourasure.

Tienes que dejar de salir con amigos, practicar determinados deportes, hacer algunos chistes y/o utilizar algunas palabras por el mero hecho de mantenerte dentro del estándar. Que no, oigan que no. Que lo que hay que exigir es que cada uno esté preparado para asumir los riesgos que decida, independientemente de la edad que tenga y no ser unos talibanes del ciertaedadismo para dictar sentencia. No sé si es peor la presión a los jóvenes para que entren en el mundo adulto y se serenen, que ya en sí mismo es una perversión eso de que la adultez es serena, o la fijación que tenemos con que los viejos (ofendidos sigan las mismas instrucciones que antes) son unos inútiles a los que hay que controlar, proteger, guiar y meter en burbujas. Vamos a ver, que nosotros fuimos los jóvenes que queremos vetar y, ojo, que de esto igual no se han dado cuenta, SEREMOS LOS VIEJOS QUE AHORA QUEREMOS TUTELAR. De nada si no habían caído.

Miren, a la vida se viene a vivir, y punto. Además no la manejamos nosotros, no tenemos ni puñetera idea de lo que tenemos por delante, ni idea de lo que nos queda ni de cómo vamos a tener que afrontarlo, pero aquí estamos augurando lo que les va a pasar a los demás. Inconscientes y soberbios.

En el lenguaje, lo del orden de los factores si tiende a modificar el resultado, y no es que se pueda tener una cierta edad, es que lo que se tiene es una edad cierta. Se tiene la que se tiene y cada uno ha de saber aprovecharla en la forma en la que decida, pero lo que decida que sea sin medias tintas. No es el qué, sino el cómo. Le escuché decir a Javier Leoz, creo que el 7 de julio sobre las fiestas de San Fermín, que no es la fiesta lo que es malo, sino lo que hacemos con ella, y se lo volví a escuchar el domingo pasado, no echemos la culpa fuera a lo que no hacemos nosotros. Totalmente a favor.

La edad cierta que tenemos es la mejor para disfrutar de todo aquello que es importante para nosotros, independientemente de lo que se espere de nosotros, es más,  incluso a pesar de lo que se espere de nosotros. A nuestros queridos hay que darles retos, no límites; mi entrenador, Sapo, dice que soy su momia preferida, y les diré que es de las cosas más motivantes que me han dicho en el rugby. ¿Quieres jugar este año?, pues ya puedes empezar a prepararte, momia. Y en eso consiste, en saber que si quiero conseguirlo tengo que empezar por mí, y luego ya veremos qué pasa, pero que no sea por no intentarlo.

Así que mejor dejar de generalizar por estratos de edad, basta ya de compadecer y tratar a nuestros mayores (va, ustedes ganan) como si fueran inútiles o lo que es peor, niños pequeños sólo porque tienen cierta edad. Basta ya de volcar nuestros miedos o prejuicios, y a veces envidias, en terceros que han decidido comprometerse con algo en la vida.

Hay un poema precioso de Walt Whitman titulado “No te detengas” que les aconsejo leer y que entre otras preciosidades dice lo siguiente:

Disfruta del pánico que te provoca
tener la vida por delante.
Vívela intensamente,
sin mediocridad.
Piensa que en ti está el futuro
y encara la tarea con orgullo y sin miedo

Mejor pasar de la incertidumbre de la edad social a la certeza absoluta de la edad real y a afrontar las decisiones que nos exige el día a día, sin etiquetar a terceros ni renunciar a nuestra parte de riesgo. O de ridículo, que también hay que asumirlo. Claro que sí, o mejor, chachi que sí. Así está mejor.


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