Opinión / Sabatinas

Solos y con prisa

Por Fermín Mínguez 27 octubre, 2018 - 9:09

Decía Gregorio Marañón que en este siglo curaremos las enfermedades pero nos matarán las prisas. Y eso que se refería al siglo pasado, que murió en 1960. Augurio total. Le faltó decir que además de la prisa, en este siglo nos matará la soledad. Apresurados y solos. Pistonudo.

"En este siglo curaremos las enfermedades, pero nos matarán las prisas".
"En este siglo curaremos las enfermedades, pero nos matarán las prisas".

Se me han cruzado los dos conceptos esta semana y la mezcla es bastante preocupante. Por un lado están los estudios que dicen que cada vez dedicamos menos tiempo a nuestra vida personal, bueno los estudios y el día a día habitual, no creo que a la mayoría de ustedes les haga falta leer ningún estudio para saber lo atropellados que van, que vamos.

Entre lo que nos toca hacer, lo que nos imponemos, lo que dejamos que nos impongan, lo que creemos que será bueno para nosotros, lo que no es bueno pero parece conveniente y lo que no es nada de lo anterior, pero mira, sí todo el mundo hace contemplación ayurvédica en espiral por algo será yo también voy a hacerla, no nos queda demasiado tiempo para lo importante. Cuando es esto, lo voluntario, lo que nos gusta, lo que realmente nos llena y nos hace compañía.

La mayoría de actividades que hacemos por obligación o sin demasiado convencimiento nos generan un apoyo obligatorio o poco convencido, esto es así. Podemos tener unas fantásticas relaciones laborales y por tanto unos magníficos compañeros de trabajo, pero no creo que  ellos sean la primera opción a la que recurran cuando tengan un problema, que a alguno igual  sí, pero compartirán que no es norma.

Lo mismo pasa con muchas otras actividades, pero donde realmente vamos a encontrar respaldo será en aquellas actividades en las que pongamos emoción. De hecho fíjense, es posible que sus mejores relaciones laborales las hayan establecido en proyectos donde ha sido emocionante  participar, para bien o para mal y  con aquellos  que también han volcado emoción. ¿O no? Sonreirán pensando en la gente que han sumado como amigos en el trabajo, no demasiados quizás, y fruncirán el ceño al acordarse de ese rancio y/o esa estúpida (cambien el orden si les molesta). Puede que el que lo haga mal sea yo, pero me da que algo de esto les suena.

Cierto que el entorno laboral tal y como lo tenemos concebido no favorece demasiado que se generen buenas relaciones personales, es exigente y cambiante y muchas veces construido sobre la competitividad agresiva más que sobre la gestión colaborativa (otro día hablamos de esto, ¿sí?) pero siendo honestos tampoco debe ser esa su función. Esto le toca a la familia, los amigos, las aficiones que nos dan la vida, el rugby si lo practicaran o los compañeros de trabajo pero fuera del trabajo. Sin embargo tenemos más tiempo para un curso de reciclaje, necesario, que para un café o una caña con los nuestros que son bastante más necesarios.

Esto de la prisa como leitmotiv invierte las prioridades colocando al corto plazo como dueño y señor de nuestras vidas. Nos acelera para hacer lo que sea, cuanto más mejor, en una carrera bastante absurda por acumular méritos.

Una especie de diogenismo espiritual donde el valor lo tiene la posesión y no el camino dedicado a conseguirla. Esto de hecho explicaría muchas cosas de cómo nos estamos relacionando actualmente como sociedad, exigiendo el premio como consecuencia del tiempo dedicado y no por el esfuerzo dedicado o por nuestra habilidad para conseguirlo, ni siquiera por la validación del otro que queda en un segundo plano. A esto para simplificar pueden llamarle master, ahorro o relación de pareja, forzamos la estructura, la rompemos si hace falta con tal de conseguir nuestro objetivo. Deprisa, deprisa.

Luego lloraremos cuando se salte la línea entre la prisa y el delito, claro. Pero esto no es lo peor, fíjense. La consecuencia de las prisas, de las relaciones inmediatas, de la socialización impersonal y exprés es la caducidad de las mismas. Hay datos terroríficos sobre personas mayores y soledad, porcentajes altísimos de mayores que están solos. No que vivan solos, ojo, que esto es estupendo sino que se sienten solos. Hablar de los mayores es un término difuso, voy a ver si lo centro, porque mayores seremos todos en el mejor de los casos. Lo que dicen los estudios es que si usted, sí, usted, que  está leyendo ahora mira el reloj y es un minuto impar, envejecerá con sensación de soledad. Se sentirá sólo cuando sea viejo a pesar de todo lo que está corriendo ahora.

¿Cómo le ha ido?, ¿ha tenido suerte?, ¿o le acabo de arruinar el fin de semana con mi predicción de bruja Lola de la soledad? Esto sería si envejecieran hoy, pero para redondear el dato y ajustarme más a lo que se nos viene encima,  si el número de minuto está entre 3 y 10 (el último número no se hagan trampas) también envejecerán insatisfechos. Siete de cada diez. De nada. Y ojo que esto no tiene que ver con las pérdidas que se producen, bueno no sólo al menos, sino con la incapacidad para generar relaciones buenas o adaptar las que tenemos a nuestra propia evolución.

Nos está quedando un porvenir de lo más hermoso, ¿no creen?  Estamos en los polvos que traerán nuestros propios lodos, pero no pasa nada, la inmediatez nos impide preocuparnos del medio y largo plazo. Todo correcto.

Al oncólogo brasileño Drauzio Varella se le atribuye la siguiente frase: "En el mundo actual, se está invirtiendo cinco veces más en productos  para la virilidad masculina y silicona para las mujeres que en la cura para el Alzheimer. De aquí a algunos años tendremos viejas con tetas grandes y viejos con pene duro, pero ninguno de ellos se acordara para que sirve".  Ilustrador, ¿no? La inversión en el corto plazo de poco nos servirá en lo importante en el largo, y a veces aunque pudiera servirnos no podremos aprovecharlo, pregúntenles a los de la frase anterior.

La soledad tiene una doble vertiente, como casi todo en esta vida, nos podemos sentir solos pero también podemos hacer que otros se sientan así. Necesidades comunes no compartidas, volvemos a la necesidad de lo colaborativo como eje funcional. Podemos luchar contra esa plaga que es la soledad generando potentes iniciativas que ayuden a los otros que están solos, o bajar a lo que tenemos al alcance de la mano y cambiar la lotería del minuto impar que nos ha tocado antes, empezando ahora a dedicar tiempo de calidad a reforzar lo importante, lo que nos dará la vida. Empezar a cambiar polvos por semillas y lodos por flores, ¿les parece?

Será mejor. Será, será.


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