Opinión / Sabatinas

Lenguajes

Por Fermín Mínguez 10 Febrero, 2018 - 9:32

Sí, en plural, ya que hay tantos como realidades y  no me refiero a idiomas, no, sino al que ayuda a construir la realidad que nos interesa, y esto se hace en cualquier idioma, no nos engañemos.

Programación de ordenadores con distintos lenguajes.
Programación de ordenadores con distintos lenguajes.

Wittgenstein decía que  “los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo” que además de ser una frase como para hacerse una camiseta de bonita que es, explica muy bien algunos de los problemas de comunicación y entendimiento con los que nos encontramos. Cuando digo encontramos me refiero a ustedes y a mí, al día a día, no a los grandes problemas de comunicación del mundo moderno que es título de conferencia para vender libros sino a los que dificultan nuestra vida diaria, personal y profesional.

Estarán ustedes hartos de cursos sobre comunicación, esos que hablan del liderazgo comunicativo y que repiten una y otra vez la importancia de distinguir entre los tipos de lenguaje, y de la relación emisor – lenguaje – receptor, que si el lenguaje verbal y el no verbal, y sin embargo hay un tema que suele pasar más desapercibido y es la voluntad, la intencionalidad del uso del lenguaje. No quiero filosofar mucho, pero nos centramos en el cómo usamos el lenguaje y lo realmente importante es para qué lo usamos, sobre todo porque por mucho que la queramos maquillar, la realidad es tozuda y se impone.

Podemos, a base de hablar una y otra vez de los mismos temas, crear una realidad en la que lo importante sea solo lo que nos interesa y vocearemos todo aquello que nos interese y refuerce nuestra postura y callaremos lo que nos cuestione o no nos interese. Lo he puesto en primera persona del plural voluntariamente, porque siempre culpamos a otros de hacer lo mismo que nosotros repetimos una y otra vez, y otra, y otra vez, y venga veces hasta convencernos de que sólo estos temas son los importantes.

El problema es que al final la realidad existe tal cual y sobre todo sus consecuencias. Por poner un ejemplo simple, por mucho que el Dr. Baeza hable de la mezcla en pequeñas cantidades de hidrógeno, dióxido de carbono y metano con amoniaco y sulfuro de hidrógeno en el cuerpo humano, la consecuencia es un olor insoportable. Y por mucho que el lenguaje disfrace el contexto, o lo tecnifique a quien le toque sufrir el efecto no le servirá de mucho.

Este problema nos sacude todos los días, el de sufrir las diferencias entre lo narrado y lo vivido, no el del olor, y hace que se resquebrajen las estructuras de las relaciones personales y las profesionales. No hay más que ver las ofertas de empleo, que a veces hay que hacer un análisis de texto para entender a qué se refieren, o a la definición de funciones que describen realidades difíciles de asumir.

No sé qué pensarán ustedes, pero al trabajador se le conquista cuidándole, no disfrazando la realidad con mensajes confusos y si no se le puede cuidar, porque a veces no se pueden llevar a cabo todas las mejoras deseadas, ojo, describir la situación de la mejor manera posible. Esa es la intencionalidad del lenguaje, la que solo describe una parte de la realidad, la que nos interesa y esto es malo tanto en positivo (decir las bondades y ocultar la parte fea), como en negativo (hacer sólo una crítica destructiva de la situación, dando por hecho que lo bueno lo merecemos porque sí)

Limitamos nuestro mundo a nuestras necesidades, no nombramos lo que nos cuestiona y así evitamos cuestionarnos; omitimos lo que nos disgusta y así no nos disgustamos. Es impresionante el poder de creación del lenguaje, como delimita las líneas rojas de lo que estamos dispuestos a hablar para garantizarnos así tener la razón.

Pero la realidad sigue esperando, enquistándose a que decidamos qué hacer con ella, y no sería justo buscar en las palabras, que no hacen sino definir la realidad que nos rodea la culpa de nuestra incapacidad de buscar soluciones. Dándole la vuelta a la frase de Wittgenstein, los límites de mi mundo serán los de mi lenguaje, así que por favor no lo empobrezcamos, cuanto más abierto mejor, ¿no creen?

La filosofía y su relación con el uso del lenguaje son una buena herramienta para entender la realidad que nos rodea, pero siempre acaban promoviendo la acción, si no poco cambio y poca gaita conseguiremos.

El problema es que muchos seguimos viendo suelo cuando otros dicen cielo. Y oliendo a metano.

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