Opinión / Sabatinas

La gente tiene la solución

Por Fermín Mínguez 19 octubre, 2019 - 8:49

Nada más confuso que dejar la resolución de los conflictos en manos de un término impersonal. Decir que la gente, el pueblo, la juventud, los ciudadanos de bien tienen la solución es la forma más simple de quitarse la responsabilidad.

La plataforma Tsunami Democrático corta los accesos a la Terminal 1 del aeropuerto de Barcelona. PABLO LASAOSA
La plataforma Tsunami Democrático corta los accesos a la Terminal 1 del aeropuerto de Barcelona. PABLO LASAOSA

Tengo unas memorias de Churchill en casa que me regalaron hace mucho y que deben pesar como 13 kilos, me fascina como personaje histórico. Cómo teniendo todos los vicios y defectos confesables consiguió mantenerse como figura y todavía como referente. Puede que fuera el momento histórico, sí, pero algo tuvo que hacer bien. Pensaba en él esta semana de luces y sombras y de declaraciones de responsables políticos de una intensidad propia de Pocoyó. Citar a Churchill es complejo porque hay un montón de citas circulando que no son suyas pero quedan bien, es a las frases políticas lo que Coelho a las de motivación, las hace creíbles.

Pues bien, una de ellas, de la que menos seguro estoy, decía que es muy difícil sacar a la gente a la calle, pero que más difícil es volver a meterla, creo que esta ya la comenté por aquí. Y lo que es mucho peor es delegar en ellos decisiones que son competencia de quienes gobiernan. Y no porque el pueblo sea, seamos, incapaz de tomar decisiones, sino porque dejarlo en manos de terceros implica que estos puede que no hagan lo que esperas.

Tengo la sensación de que hay una brecha enorme entre dirigentes y votantes, más cerca de la relación feudal que de la propia de un consenso democrático. Dan órdenes como si hubiera una obligación de obedecer y cuando no les gusta la respuesta siempre hay un tercero. El pueblo no es sino la suma de muchas personas, y aquí hay de todo. Winston decía, y esta sí es suya, que "donde hay un gran margen para la libertad de expresión hay siempre una cierta cantidad de opinión estúpida"; lo que no calculó que las más estúpidas vinieran de quien debieran poner criterio, mezclando churras con sentimientos y merinas con obligaciones.

¿Cómo pueden ser estas sentencias? ¿Por qué por qué se condena con menos años a violadores? Pues porque el código penal recoge penas de solo uno a cinco años por agresión sexual y de seis a doce por violación. Si es con menores es de uno a cinco por agresión, lo mismo, y solo llega a los quince años si hay mayor gravedad y hay “introducción carnal”. Es asqueroso, Sedición, por ejemplo, de saque son un mínimo de ocho años.

Podemos culpar a los jueces de las condenas, pero la verdad es que el código penal por el que se rigen es el que es, y ojo que no es del año 1.837, que sus últimas modificaciones sustanciales son de 1995 y de 2010. Sería curioso ver cuántos siguen de los que lo votaron y ahora se les llena la boca de quejas. Porque, ¿saben en manos de quien está legislar?, ¿saben quién puede modificar el código penal a base de consensos?, pues sí, queridas y queridos, los políticos.

El debate sobre la independencia del poder judicial es uno y habrá que hacerlo. El de la reforma constitucional es otro, pero la modificación del código penal está al alcance de los diputados con algo tan sencillo como un acuerdo parlamentario. Pero claro, en un país que repite elecciones por la ineptitud de sus dirigentes, esto puede ser pedir peras al olmo.

De hecho, los delitos de prevaricación, cohecho, tráfico de influencias y malversación, van desde la multa a penas de dos a seis años de prisión. Curioso. Te puede merecer la pena delinquir.

Yo sólo soy un tipo de provincias que no tiene demasiada idea de nada, pero igual lo que pasa es que el pueblo, el que sale a la calle a partirse la cara a veces, o a impedir que nos la partan que pueblo somos todos, esté hasta las narices de esta impunidad publica en la que siempre salen ganando los mismos. Y no creo que sea buena opción legislar en base a la alarma social, no me vengan con esto los puristas apaciguadores, estoy diciendo que puestos a hacer una reforma penal igual procede hacerlo de forma que si a cualquier miserable se le ocurre meterle mano a un crío de tres años le caigan 15 de inicio a ver si se le quitan las ganas; o a los maltratadores ,si queremos erradicar su lacra, que sepan que esto va en serio. Y sí, si hay denuncia falsa que le impongan la misma pena, antes de que salten los apaciguadores otra vez. ¿Saben que decía Churchill de los apaciguadores?, pues que "un apaciguador es alguien que alimenta al cocodrilo, esperando que se coma a otro antes que a él", ¿les suena? Que se coma a otro es mejor opción que que no se coma a nadie.

También podría abordarse que al que se le ocurra utilizar su puesto público para robar, influir, conseguir favores o hacer que sus amigos ganen dinero y facturen lo que les brote, se le imponga una pena de cárcel justa y además la obligación de devolver lo robado con un 20% de interés yendo contra su patrimonio familiar si procede. Esto no es legislar por emergencia, es adaptar la ley a la realidad en la que vivimos. O incluso inhabilitar una legislatura a los diputados electos que no sean capaces de llegar a acuerdos que garanticen la gobernabilidad de un país. Votar otra vez es volver a pedir que otros, que no cobramos por ello, resolvamos el entuerto. Devolver la pelota de la responsabilidad sería lo justo, si ustedes no hacen bien su trabajo no les dan tantas oportunidades, ¿verdad?, pues eso.

Al final la Sabatina va a ser más mérito de Winston Churchill que mío, pero quiero cerrar con otra frase suya que dice que “coraje es lo que se necesita para levantarse y hablar; coraje es también lo que se necesita para sentarse y escuchar”. Así que hagan el favor de dejar de esconderse detrás de su gente, del pueblo, de sus buenos y pongan el coraje que haga falta, porque si nos vuelven a pedir el coraje a nosotros quizás se les vuelva en contra.

Que los tiempos cambian es claro, aunque con noticias como la del debut de la Infanta en acto oficial parezca que no, y que el orden que cantaba Dylan se desvanece, también y no parece que haya nadie al timón.


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