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Opinión / Sabatinas

Sí, sí, pero…

Por Fermín Mínguez 19 marzo, 2022 - 10:28

Lo que está mal, está mal siempre, y lo que provoca estará igual de mal o peor si además es desmedido.

Varios hombres discuten en una manifestación. ARCHIVO
Varios hombres discuten en una manifestación. ARCHIVO

Muy mal todo, lo de la guerra, los carburantes, la electricidad y eso. Terrible, sí pero… seguro que hay una causa que lo justifique, seguro. Y si no la ven es que no se informan bien. Menos mal que siempre hay quien nos abre los ojos…

Seguro que tienen a alguien cerca de estos, que siempre saben una razón que a ustedes se les escapa, una teoría que sólo ellos saben porque leen y se informan más allá de la comunicación oficial. Se les puede distinguir porque suelen cerrar la discusión, generalmente en redes, claro, con un “pero qué ciegos estáis”. Son el camino, la verdad y la birra de las tertulias de bar. Arqueólogos de la justificación porque saben que un martes de mil novecientos cuarenta y ocho, sobre las siete menos diez, alguien dijo algo súper relevante para justificar no sé cuántas muertes hoy. También son expertos en el síperismo puntual, ese que dice que hay cosas que están mal, pero que empezó otro, que mira la hora que era, que si ese vestido era muy corto, que si son muy jóvenes, que si son muy mayores, que si vengo que si voy, que si tengo, que no doy, que si estoy y que vengo. Esos que convierten su argumentario en el estribillo de Bolero Falaz de Aterciopelados, vamos.

Sí, sí, pero… lo único que hace es derivar la conversación y evitar posicionarse sobre si algo es bueno o malo. El espíritu crítico no es, creo, la capacidad de discutir sino la de tomar decisiones y posicionarse en base a lo que uno cree y entiende. Hemos sustituido la filosofía por la opinión a boca abierta, el ágora por Twitter, y a Socrates, Nietszche, de  Beauvoir o Kofman por @perromalo87, @filosofodebote, @lapechotes33 y @tuamigalalista (desconozco si los perfiles existen, no lo he comprobado, disculpen…). Y así nos va. Hemos confundido libertad de opinión con opinión válida, es decir, que cada uno pueda opinar libremente no implica que esa no sea una opinión de mierda, con todo el respeto y el cariño, claro. “Es mi opinión y tienes que respetarla”, mira, no. Es tu opinión y tengo que escucharla y respetar tu derecho a expresarla, pero nada más. Si dices una sandez, será una sandez expresada libremente, pero sandez al fin y al cabo. Incluso delito, oigan, que aquí lo único que no delinque nunca es el pensamiento. Y en estas discusiones sobre si puedo o no puedo decir, o lo de ir contra la corriente mayoritaria y esas discusiones eternas y encendidas, se olvida lo realmente importante: ¿está bien o mal lo que se defiende? Porque, nos guste o no, algunos consensos tendrían que ser absolutos, y no negociables, si no acabaremos cuestionando algunas de las bases mismas de los derechos que han conseguido para nosotros los que ya no están. Que esa es otra, que nosotros opinar mucho, pero logros importantes a futuro los justos…

No sé si les conté alguna vez la historia de la pancarta de mi colegio en las manifestaciones contra la guerra de Irak de 1991, en esa época las pancartas eran lo más parecido a Twitter, o los muros de Facebook, donde mucha gente a la vez podía ver cómo te posicionabas. Pues bien, el colegio decidió que iba a participar en las manifestaciones y convocó un concurso para elegir el lema de la pancarta, (lo de las decisiones asamblearias estaba más que inventado, millennials). Era Pamplona en los 90, ojo, lo de elegir lo que se decía no era un tema menor, que lo de la libertad de expresión no siempre ha sido tan limpio. Votamos y se eligió uno que me pareció definitivo, el lema de los lemas, una pancarta con la que todo el mundo podría ponerse detrás y sentirse cómodo, el metalema: 'Queremos que nunca nadie mate a nadie'. Ojo, ¿qué les parece? Hubo incluso un cribado sintáctico para pulir la frase, magnífico. No sé quién la escribió, pero si me lee, gracias.

'Queremos que nunca nadie mate a nadie' es redonda como frase, y perfecta como propósito. Si han empezado a ponerle peros me temo que están opositando a síperoristas. Matar está mal, siempre, quien sea, y más si es en nombre de algo que no sea uno mismo. A la crítica, y el sí pero, de los de la defensa propia, la opresión y demás, esos violentados y oprimidos mientras comen magdalenas en el sofá y hablan con la boca llena, me adelantaré diciendo que justificable no significa bueno. No confundamos.

Pues bien, llegamos a la manifestación, contentos y decididos, yo convencido de que la gente aplaudiría nuestra propuesta y nos abrazaríamos todos fuerte y eso que pasa en la pelis. Se pueden imaginar lo que pasó, ¿no? Pues eso. Les pareció mal a un montón de gente, que qué queríamos decir con nadie, que qué tipo de nadie, que define matar, ¿matar de matar o matar de no matar?, ¿nadie como concepto o como propuesta? De flipar. Nos cuestionaron desde opciones políticas, partidos, asociaciones proabortistas y provida, cazadores, pacifistas, belicistas, creo que el gremio de enterradores diciendo que eso supondría un impacto del 10% en su negocio, que daba de comer a mucha gente, una fábrica de armas y hasta un señor de Murcia que había ido a pasar el fin de semana a Pamplona. Tremendo oigan. El síperismo en su máxima expresión. Unos chavales pidiendo que no se mate bajo ningún concepto, y grupos enfrentados diciendo que lo de no matar bien, pero si matan a los otros, ni tan mal. Tre-men-do. Que maten en nombre de los míos, bien, pero que lo hagan otros.

Lo que está mal, está mal siempre, y lo que provoca estará igual de mal o peor si además es desmedido. Siempre habrá algo que justifique una mala opción, por eso hay que tener claro qué es bueno y qué es malo, qué valor prima y hay que defender, incluso haciendo algo malo. Para que luego digan que no es necesaria la filosofía, estamos negando la capacidad de discernir a las generaciones futuras, mermando su capacidad de pensar y alimentando la de discutir. Parece claro qué es lo que estamos alentando para el futuro, una sociedad más dispuesta a pegarse que a debatir. Más filósofos y menos influencers, ¿no creen? Merece la pena estudiar a Cicerón para leer cosas como que “preferiría la paz más injusta a la más justa de las guerras”.

Pues eso. Espero sus síperos, claro. Sonrío.

Sean buenos y, además, sean felices. Vamos a ir quitando peros.


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Sí, sí, pero…