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Opinión / Sabatinas

Feliz año nuevo, pamplonicas

Por Fermín Mínguez 02 julio, 2022 - 9:08

Este ha sido el año más largo de mi vida, más de mil días, oigan. Ha durado 1.087 para ser exactos, una barbaridad, pero, por fin, el miércoles podremos celebrar el año nuevo otra vez, porque los de Pamplona celebramos el año nuevo cuando nos parece bien, faltaría más.

Inicio de las fiestas de San Fermín en Pamplona con los gaiteros tocando tras el Chupinazo. ARCHIVO

De hecho hay más de veinte celebraciones de año nuevo por el mundo, el año nuevo chino y el musulmán son los más conocidos, pero también hay año nuevo mapuche, inca, maya, tibetano, etíope, el aymara boliviano, el judio, hindú, tailandés, iraní, azteca y vietnamita. Hay hasta un año nuevo de los nativos guanches en Canarias el 15 de agosto, así que no veo problema ninguno en que Pamplona tenga su año nuevo el 6 de julio. Somos mucho más prácticos además, ¿para qué aguantar doce campanadas si con un cohete ya nos vale, no? Ni uvas, ni cotillones ni gaitas en vinagre, un ¡pum! y a la calle. A las 12 de la mañana, para aprovechar el día y ahorrar luz. Ni un pero se nos puede poner aunque se que los pondrán, así que les adelanto algo para evitarles disgustos: nos da bastante igual su opinión. Así, como resumen.

En puertas de que arranquen, por fin, por fin, por fin, las fiestas toca aguantar las arengas de los expertos vitales sobre nuestras fiestas. Los expertos vitales los reconocerán ustedes porque, o han vivido alguna situación alguna vez y creen que eso ya valida su opinión para siempre, o alguien cercano la ha vivido y la cuentan como suya; segundo grado de consanguinidad experta se llama. Con el tema de San Fermín afloran cosa mala, porque o han venido una noche de sábado y ya tienen el título de experto, o algún conocido estuvo por aquí y le fue regu. A ver, decir que uno conoce los sanfermines por haber venido una noche de farra es como decir que ha hecho el camino de Santiago porque fue a comer en Roncesvalles. Luego están también los que ven las noticias y ya tienen opinión fundada para las tertulias de sobremesa y café. Ni puñetera idea tienen de qué va esto, perdonen que les diga, pero ni puñetera idea. Si les parece les hago un resumen de sus quejas, les doy la razón y nos dejan tranquilos, ¿les parece?

- Es que los encierros son una salvajada y una sinrazón, y los animales sufren. Tienen ustedes razón, así es. Una sinrazón absoluta. Ponerte a correr delante de un animal de más de quinientos kilos por unas calles llenas de gente. Terrible.

Pero siento un magnetismo especial por los encierros, como mucha de la gente que los sigue y los ve. ¿Que puede que tengan fecha de caducidad?, es posible, ¿que los voy a seguir disfrutando mientras puedan celebrarse?, pues también. Si van a venir con lo de la doble moral y demás argumentos de manual básico de discusión, se lo pueden ahorrar. Esto es como el tema del tabaco, que todo el mundo sabe que es perjudicial pero el Estado lo vende por lo que genera, eso sí, poniendo fotos feas para limpiarse las manos. Si esto les vale podemos poner imágenes de personas corneadas por el vallado con el texto “Correr puede ser peligroso para la salud” o  “Un asta de toro en el perineo puede disminuir la fertilidad”, y así, como el riesgo está avisado todos tranquilos. De dobles morales vamos serviditos en este país, así que circulando.

- Es que todo el mundo va borracho y eso ni es una fiesta ni es nada. Tremendo también, la gente por las calles bebiendo como si no hubiera un mañana. Hay que ver. El acabose.

Claro que hay gente que bebe, y que se droga, incluso que bebe y que se droga, mucha, sí. Pero me da que esto lo hacen también en sus casas y en otras épocas del año. También hay gente que no lo hace, ojo, y que participa de otras actividades en Pamplona, que os quejáis por todo.

- Se cometen todo tipo de atropellos, delitos y abusos, eso es la jungla de la depravación. Tienen toda la razón, en una sociedad ejemplar como la nuestra, cívica y educada, es insoportable que se cometan delitos en Pamplona, teniendo en cuenta que en el resto de España se puede dormir con la puerta abierta y pasear tranquilamente sin que ningún anormal te agreda o te insulte. Asco de Pamplona. Que vale que luego detengan a los culpables, los pongan a disposición judicial y les metan el puro que se merecen, pero es que…

¿Saben que pasa?, pues que muchos de nosotros tenemos un vínculo emocional fortísimo con estas fiestas y con San Fermín. El lazo que crea recordar tomar un helado con tu padre, al que entonces mirabas desde abajo cogido de una mano fuerte que ya no puedes sostener, o de esos ratos en las barracas con tus hermanos cuando tenías tiempo de sobras para compartir y no pensabas que se podía acabar; con esas carreras con tus primos delante de los kilikis, o esas primeras veces de casi todo con tus amigos, cuando quedar y pasar tiempo juntos no era tan complicado. Ese crecer con unas fiestas que suponían, y suponen, siempre una oportunidad especial tengas la edad que tengas.

Les he contado alguna vez lo importante que son para mí las fiestas de San Fermín, que son mi Kamchatka particular, (tengo algún amigo que todavía se ríe de esto…), el lugar y el tiempo donde recargar pilas, así que imaginen lo que supondrá este año en el que la mochila se lleva cargando tres años y ya empieza a reventar las costuras.

Así que, todos aquellos del “yo es que no iría ni loco”, que no vengan. Los de “son unas fiestas despreciables”, que sigan en sus tertulias cuñadísticas tranquilamente. Todo esos policías de lo correcto, que en el fondo suelen esconder una cobardía supina y por eso prefieren juzgar, pueden seguir haciéndolo, faltaba más, pero he de decirles que nos importa un comino su opinión. Entre un comino, un pimiento y una mierda para ser exactos, porque esto de los sentimientos es como las croquetas, que para cada uno cree que las mejores son las de su madre y, no sé ustedes, pero yo me he comido auténticos engrudos que a alguien le volvían loco porque eran de su madre, y a mi no se ocurrió corregir a la señora. 

Así que no sean cansinos y groseros y déjennos comernos tranquilos nuestras croquetas, que llevamos tres años soplando para que se enfríen y poder comerlas, imaginen las ganas. 

A la vida se viene a ser feliz y algunos tenemos esta semana la posibilidad de serlo, no molesten, hagan el favor.

Ya saben, sean buenos pero, sobre todo, sean felices, sobre todo si están en Pamplona. Ojalá nos veamos y podamos brindar por el año nuevo. Sonrío.

Nos vemos en septiembre, que tendremos muchas cosas que contarnos, ¿sí? Que tengan ustedes un feliz verano disfrutando de las croquetas que más les gusten, que no se las estropee nadie.


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Feliz año nuevo, pamplonicas