Opinión / Sabatinas

Banderas

Por Fermín Mínguez 26 marzo, 2016 - 0:00

Otra vez muertos, otra vez miedo y otra vez la veda abierta para los debates para ver quién tiene razón. Otra vez. Con la sensación además de que no será la última vez, y volveremos a asustarnos, volveremos a discutir, y a no hacer nada serio para solucionar el problema. Eso sí, siempre podemos quitar o poner una bandera.  Y arreglado.

Como sigo bajo la influencia de James Rhodes y su Instrumental, escribiré en cuatro tiempos.

1er tiempo. La previa

Vaya por delante que el acuerdo al que ha llegado la UE con Turquía para que haga de portero macarra y los refugiados sirios no entren en nuestro club me parece vergonzoso. Invertir todo ese dinero para que otros se encarguen de lo que no podemos solucionar me parece cutre, vergonzoso, mezquino, ruin, malvado, despreciable y cobarde. Subcontratar la miseria. Muy cobarde. Es renunciar a los principios fundacionales de Europa, perder pie. Espero haber sido suficientemente claro, que siempre hay quien interpreta, que los habrá.

2º Tiempo. La Justificación

Ahora bien, eso no justifica ni justificará que un puñado de malnacidos se aprovechen de la situación para convencer a cuatro desgraciados de que un paraíso les espera si se revientan y se llevan por delante al mayor número de víctimas posibles. No lo justifica ni lo justificará nunca.

Quien decide matar, decide matar por sí mismo y punto. Puedes decidir cómo responder, por muy difícil que sea tu situación, siempre puedes decidir.  Sé que no tiene que ser fácil, pero no deja de ser cierto que por cada radical que decide inmolarse en nombre de una religión, o una causa que le han vendido hay miles que lo sufren y que luchan por que no se les haga partícipe de la barbarie. Porque ese el éxito de los grupos terroristas, que se globalice, que se confunda a la parte con el todo. Esconder la realidad, desdibujarla. Conseguir que los que renuncian también se sientan juzgados. Llevar a la política (el ámbito de los ciudadanos, o de lo civil) lo que es criminal, delictivo. Hacer de algo objetivamente condenable como es matar, algo políticamente discutible como la pertenencia religiosa, política o geográfica. Pero qué les voy a contar yo a ustedes de generar entornos que justifiquen muertes.

3er tiempo. La reacción.

Y con este escenario de castigo y desprecio por unos refugiados que no quieren sino huir de la guerra y salvar a sus familias (les aseguro que yo haría lo que fuese por mi familia, ¿ustedes no?) y unos descerebrados sembrando de terror y muertes medio mundo, porque no es sólo Europa lo que están destrozando, es cuando es el tiempo de los líderes y su reacciones.

Y aquí estamos fastidiados (me estoy quitando de los tacos). Hay dos vías, una es la militar que parece que no está funcionando ya que no hay un acuerdo claro sobre a quién hay que atacar entre los amigos de uno y los de otros; o no parece que se esté haciendo bien, porque un pulso de todo el mundo contra un estado autofundado parece que sería algo más fácil de atajar. Pero no entiendo de política internacional ni bélica, y aquí no me atrevo a opinar. La otra vía es la política, y aquí es donde hemos brillado con luz propia.

En algunos lugares, Pamplona de mi querer, no ha habido siquiera una declaración oficial clara y unánime de condena y repulsa de los atentados. Ojo. Entiendo según esto que hay quien piensa que existe alguna razón de fondo que justifica el hecho de que se mate a no sé cuántas personas. Y me dan igual bandos, procedencia o bandera de los muertos. Ni uno se puede justificar. Ni uno.

4º Tiempo. La conclusión

Quitar la bandera. Como acto de condena al acuerdo de la UE y Turquía, y parece que como justificación a no unirse al documento de condena, la decisión es retirar la bandera. Supongo que los refugiados sirios en los campamentos estarán muy satisfechos con el gesto. A la par que los cimientos de la UE se resquebrajan. Para qué renunciar a las ayudas que se reciben de la UE que tanto nos avergüenza, o destinarlas a las organizaciones que trabajan en los campos, o renunciar a los sueldos que reciben los eurodiputados de estos grupos, incluso a los puestos y escaños, pudiendo quitar una bandera.

Eso sí que es de cobardes, porque me temo que la situación de los refugiados es la misma, el dolor por los muertos es el mismo. Es como si cada uno de nosotros en lugar de firmar manifiestos de condena, apoyar peticiones que deroguen ese acuerdo mamporrero e interesarnos por cómo ayudar a quienes trabajan por los refugiados, aquí y en origen decidiéramos condenar a Europa no vistiendo con colores azules.

Vergonzoso. Sigamos hablando de banderas que quitar y banderas que poner. Inventémonos nuevas banderas si hace falta. Lo que sea menos tomar decisiones y bajar al barro.

En Instrumental (lo sé, lo sé, me repito) Rhodes nombra a un poeta, curioso persa y musulmán, Rumi que decía: “En algún lugar del exterior, más allá de las ideas del acierto y el error hay un jardín. Nos vemos allí”. Me gusta esta traducción. Más allá de tener o no razón.

Y no habrá banderas, porque como dice Jorge Drexler las banderas y las fronteras se mueven. Y más allá de las ideas, y de las personas, está lo Justo. El jardín de Rumi. Nos vemos allí.

Felices Pascuas.


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