Opinión / Sabatinas

Ángeles y demonios

Por Fermín Mínguez 16 marzo, 2019 - 10:58

La balanza infinita, el bien y el mal. Ángeles o demonios. Buenos o malos. Justos o pecadores. Blanco o negro. Carne o pescado. Tigres o leones. Followers o haters.

"Es peligroso que la opinión tenga bandos, la opinión es personal y se discute, pero no tiene por qué imponerse ni negarse".
"Es peligroso que la opinión tenga bandos, la opinión es personal y se discute, pero no tiene por qué imponerse ni negarse".

“La que te va a caer…”, fue uno de los primeros mensajes que me llegó después de publicar la Sabatina de la semana pasada. “Ya me dirás qué tal los trolls” fue otro. Me sorprendió, porque no es que mis colaboraciones se distingan por ser agresivas ni generar mucha controversia. Es más, se comparten más de lo que se comentan, que, entre ustedes y yo, lo prefiero.

Los comentarios suelen llegar por privado, que también es curioso. Les cuento todo esto porque esta vez fue algo diferente y sí que tuve bastantes más opiniones, algunas muy vehementes, y casi todas decían lo mismo, casi todas me acusaban de haber estado blando, de no haber metido “algo más de caña”, así, azuzando como si fuera el Jorge Javier de las columnas de opinión. Lo mejor de todo es que era una acusación reversible, incluso triversible, (si la palabra existiera, espero que no me lea la RAE), me pedían lo mismo desde diferentes opiniones. Había sido blando con los otros.

Es peligroso que la opinión tenga bandos, la opinión es personal y se discute, pero no tiene por qué imponerse ni negarse. De hecho creo en la obligación de rebatir opiniones y cuestionarlas hasta que se llegue a dudar de la propia, porque es en este intercambio donde se puede encontrar el consenso y donde los extremismos mueren. Porque, y es una opinión que defenderé sacando el colmillo, todos los extremismos tienen que morir. Lo cual no implica que desaparezcan, no, porque irán apareciendo una y otra vez porque su función es poner en valor lo común, algo así como el equilibrio de fuerzas de Star Wars. Lo mejor de las revoluciones son el poso que dejan y lo peor son las revoluciones en sí mismas. Parece que como especie carezcamos de la posibilidad de llegar a consensos por negociación y estemos predispuestos a llegar solo a entendimiento por enfrentamiento, o lo que es peor, por escarmiento.

Ya hemos vivido guerras, digo hemos como especie porque afortunadamente muchos hemos tenido la suerte de no vivirlas, y sus consecuencias; y persecuciones y ajusticiamientos por militancia política o religiosa y sin embargo no valoramos este riesgo como real, vamos al cuerpo a cuerpo y a la descalificación de los otros como argumento de defensa de nuestros propios argumentos. No sé qué les parece a ustedes, pero convertir la actividad política en un  Sálvame en bucle no puede aportar nada bueno.

Decía Borges que “quizá haya enemigos de mis opiniones, pero yo mismo, si espero un rato, puedo ser también enemigo de mis opiniones. Es solo una cuestión de darse tiempo para encontrar flaquezas en los propios pensamientos”. Tan fan de este señor, algo falto de alegría cierto, pero tan lúcido. Esto sería algo así como que mis opiniones de hoy serán las antiopiniones de mañana, frase que alguien dirá que  la dijo Churchill seguro. Pero es verdad. No sé ustedes, pero yo no tengo mucho que ver con el que he sido en cuanto opinión, a algunas voy y vuelvo, otras me dan alipori incluso cuando pienso que las sostuve, y hay otras tantas a los que por mucho que cambie nunca me he acercado.

Y todas ellas estuvieron bien en su momento por la sencilla razón de que tenía razones que las sustentaban. Las que han cambiado es porque hubo quien las rebatió con éxito y me enseño otra realidad o porque vivir, eso que hemos venido a hacer en la vida, cambia tus prioridades.

A veces con cuidado y otras a las bravas. Ser padre o perder a alguien son ejemplos claros de esto, y sin embargo no a todos nos impactan igual, que nos impactan está claro pero la reacción no es la misma. Por eso creer que la opinión propia es la única, es la mayor estafa al pensamiento crítico y el mayor riesgo social al que nos enfrentamos. Imponer opiniones es tan peligroso como denostarlas, algo habrá pasado, o habremos hecho pasar, ojo, si existen en la sociedad planteamientos que consideramos peligrosos.

Pero ciscarnos en sus muelas y ridiculizarlos no hará que desaparezcan, tendremos que ofrecer mejores opciones o denunciarlos si cometen delitos, implicarnos, pero gritar y acusar con el dedo no suele funcionar. Esto lo digo a la luz de la Historia, de leer lo que ya nos ha pasado antes y lo que se ha quedado en el camino. Tiene mucho de adolescencia la política, mucho de actitud orgullosa y de banda de instituto, de arrabal y bronca. Borges también decía (mi TOC me ha hecho volver a él esta semana) que “uno no es lo que es por lo que escribe, sino por lo que ha leído”, me encanta. Lo que sacamos fuera, lo que compartimos, es consecuencia de lo que hemos absorbido, que extrapolándolo a la vida sería decir que lo que contamos, amamos, vivimos es consecuencia de lo que nos han contado, amado, vivido y por tanto de como lo hemos hecho nuestro. La parte buena es que mientras podamos contar, amar, vivir tendremos la capacidad de mejorar, y esto se consigue contando, amando y viviendo. Así de sencillo. O no.

A veces serás tú, y a veces seré yo. A veces toca remar a favor de corriente, a veces no, pero siempre toca remar; para eso están los remos, para remar, no para liarnos a remazos unos con otros.


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