Opinión / Sabatinas

5.325 escalones

Por Fermín Mínguez 30 abril, 2016 - 10:39

Hay semanas que buscar en las noticias ideas para escribir es bastante descorazonador, y es entonces cuando mirando cerca puedes encontrar la inspiración, la motivación, la razón para compartir algo.

El ejemplo cotidiano, los héroes del día a día.

Esta semana en la que lo que más se han escuchado han sido excusas y culpas a la postura de los otros, alguien me contó una historia sobre una montaña que está en Sri Lanka, el pico de Adán, de dos mil y pico metros que se ascienden subiendo 5.325 escalones. Uno tras otro.

Quizás la conozcan. En su cima hay una huella de pie que los budistas atribuyen a Buda, y una leyenda musulmana dice que es el lugar donde pisó Adán al ser expulsado del paraíso. La buena noticia es que de momento esto no ha degenerado en conflicto bélico y ambas versiones conviven. Que nos dure.

Bueno, pues quien me contaba la historia decía que estuvo dudando mucho en ascender la montaña porque tenía dudas de poder hacerlo, e hizo lo que hacemos todos, consultar a los cercanos. Y decidir en base a lo que nos dicen o en base a lo contrario que esperan de nosotros, que nos gusta ser orgullosos, y sólo por llevar la contraria somos capaces de lo que sea. Y allí que se plantó, con cierto miedo parece, pero fue como se emprende casi todo lo que merece la pena en esta vida, con tanta ilusión como miedo, pero asumiendo el riesgo.

Empezar un camino contado que te quedan 5.325 escalones no tiene que ser fácil, sobre todo si vas contando hacia atrás uno a uno. 5.324, 5.323, 5.322. Y el cansancio aparece, y la falta de fe. Y de Fe. Este trayecto, me cuenta, lo hacen personas mayores y mujeres embarazadas incluso, “pero ellos creen”, se justificaba, “y yo no”. La dificultad siempre va a estar allí, bueno aquí. Y la cuesta arriba.

El escalón 5.321, con todos los que le siguen detrás y la falta de fe los multiplica por 5 y los hace más altos así que donde había escalones ahora  vemos bancos donde sentarnos y dejar de subir, dejar de intentarlo. Cualquiera lo va a entender, ya lo hemos intentado y podemos esperar otra oportunidad. Quejarnos de la falta de apoyo, o de entendimiento, o de medios, o de lo que surja.

Pero no fue así. A punto de rendirse, nuestra amiga (porque ya estoy seguro de que les cae bien) se hace la pregunta del millón “Y si  supieras que puedes conseguirlo, ¿qué harías?”

Ponerse enfrente de la decisión, asumir la responsabilidad del éxito o el fracaso de lo que emprendes. Hacer todo lo que dependa de ti. Con nuestros miedos incorporados.

“Seguir”.

No creo que midiera los días de agujetas posteriores, ni los tirones, ni nada negativo que llegar a la cima pudiera traer. Y estoy seguro de que ver amanecer desde allí es una imagen que merecerá muchas penas, que hará de salvavidas cuando sea necesario, que insuflará una dosis de orgullo cuando sea necesario. Lograrlo fue la guinda, sí, pero el mérito está en seguir intentándolo. Porque así se consiguen las cosas, insistiendo, asumiendo responsabilidades y asumiendo riesgos. Así se es ejemplo.

Los 5.325 escalones se fueron convirtiendo en 3.276, y luego en 1.298 y al final en 320 que fueron 1. Desaparecen cuando los dejas de contar, de pensar en el esfuerzo que supone cada paso y de buscar recompensa instantánea.

Les dije que me encantan las historias de superación, me fascina cómo somos capaces de encontrar dentro la fuerza que nos hace falta. Como somos capaces de agradecer las oportunidades. De ser conscientes que no dependemos de nadie, que se puede.

Esta es mi historia de esta semana. La historia de alguien que decide emprender un reto difícil, que consulta, que asume el riesgo y sus consecuencias, que en vez de rendirse se decide a seguir, que seguro que maldijo las razones que le impulsaron a seguir adelante, pero siguió. Y llegó donde se propuso. Y ahora es un ejemplo para mí. Uno de esos cotidianos que construyen la vida y me reafirman en que los buenos ganan.

Lo fácil hubiera sido excusarse en que se intentó y que por razones externas no se pudo, y fiarlo a una próxima vez. Sonrío, ahora sí reconozco la actualidad semanal.

Vamos, que lo fácil hubiera sido renunciar, o convocar de nuevo elecciones.

Gracias por subir 5.325 escalones. Y bajarlos, claro, y bajarlos.

Demasiados caminos rotos que canta Diego Vasallo. Hey, hey.


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