Opinión / Es periodista, uno de los fundadores de Telemadrid y su primer director de informativos.

Turquía juega con fuego

Por Fermín Bocos 25 noviembre, 2015 - 21:44

El derribo por parte de dos aviones turcos de un cazabombardero ruso ha sido peor crimen, ha sido un error.

Un error descomunal del Gobierno de Ankara pues no cabe imaginar que los pilotos turcos dispararan sus misiles sin previa autorización de sus superiores. Un error o una provocación. Consciente de que el acercamiento de Moscú a Occidente (alianza con Francia para castigar al Estado islámico) dejaba en evidencia la ambigüedad del presidente turco Recep Tayyib Erdogan en relación con la lucha contra el IS.

El presidente ruso Wladimir Putin ha reaccionado acusando a Turquía de facilitar la financiación de los terroristas yihadistas al permitir el tránsito por su territorio de petróleo y otras mercancías -incluidas las obras de arte expoliadas que venden en el mercado negro. Desconocemos el siguiente movimiento del Kremlin pero la anulación de la visita del ministro de Asuntos Exteriores (Serguei Labrov) a Ankara y la cancelación de todos los viajes a Turquía programados por las agencias turísticas rusas no hacen presagiar nada bueno. Erdogan, que acaba de salir reforzado tras unas elecciones en las que su partido (de orientación islamista) obtuvo una mayoría reforzada, tiene en la mirada el mapa de influencia del Imperio Otomano. Sueña con el liderazgo político de la región disputando a Egipto la cabeza del mundo musulmán. Está enfrentado al Gobierno de Damasco y apoya a una de las facciones que combaten a Bashar al Asad. No quiere, bajo ningún concepto, que se rearme a los kurdos -la principal milicia que combate sobre el terreno a los yihadistas del IS- ante el temor de que pudieran reforzar sus aspiraciones de constituir un Estado propio.

El derribo del avión ruso tensa mucho la situación en una zona ya de por sí convulsa. Rusia no va a dejar sin respuesta el incidente. Putin puede responder por donde menos se le espera y no debe descartarse que se decida a apoyar la causa de los kurdos que llevan casi un siglo intentando que se cumplan los acuerdos del Tratado de Sèvres (1920) por el que, desaparecido el Imperio Otomano, se les concedía el derecho de autodeterminación y con él, la creación de un Estado independiente. En Turquía viven alrededor de 22 millones de kurdos, tres más en Siria, ocho en Irak y otros trece en Irán. Visto lo ocurrido, a mi modo de ver, Erdogan está jugando con fuego.


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