Opinión / Es periodista, uno de los fundadores de Telemadrid y su primer director de informativos.

La llamada

Por Fermín Bocos 09 febrero, 2017 - 8:00

¡Hay que ver lo que está dando de sí la conversación telefónica entre Donald Trump y Mariano Rajoy! Pocas veces quince minutos -con interpretes por medio- han generado tanta exégesis y, por qué no decirlo, tanta guasa.

Guasa, en este caso, a cuenta de la opuesta personalidad de los interlocutores. Sabido que el presidente de los EE.UU. es hombre colérico de reacciones imprevisibles, incluso bruscas -le colgó el teléfono a Malcolm Turnbull, el primer ministro australiano-, hay quien dio por buena la llamada tras saber por los respectivos comunicados de prensa que fue cordial y sin sobresaltos.

La verdad es que conociendo la personalidad de nuestro presidente del Gobierno que no es precisamente un cruce entre la pugnacidad de Clemenceau (le apodaban "El Tigre") y la fogosidad de Winston Churchill, la posibilidad de un encontronazo verbal era a todas luces descartable.

En este caso, todo hay que decirlo, en beneficio de las deseables buenas relaciones políticas y diplomáticas entre España y los Estados Unidos. Compartimos intereses.

Sin ir más lejos somos socios en la Alianza Atlántica y en España se asientan dos de las bases militares norteamericanas (Rota y Morón) que son la llave en la estrategia de defensa del flanco Sur de Europa en días en los que los terroristas del llamado Estado islámico tienen franquicias repartidas por Libia y el Sahel.

Cuestionar dicha alianza remite al infantilismo político. Quienes lo de hacen exhiben viejos prejuicios anti norteamericanos que, paradójicamente, comparten la extrema derecha y los comunistas. En un caso como última secuela del 98 y en otro por ser rescoldo de la Guerra Fría.

Volviendo a la llamada telefónica, habría que añadir que no siendo esta la ocasión (un cuarto de hora, interpretes mediante, da poco de sí), lo que uno espera de Mariano Rajoy es que haciéndose portavoz de un sentir muy extendido, en el próximo encuentro con Mr. Trump (Cumbre de la OTAN, en Bruselas, a finales de junio), en nombre de España haga valer la posición europea a favor de respetar los Derechos Humanos.

Derechos que amparan a los refugiados que huyen de la guerra, protegen a los emigrantes que escapan de la miseria y obligan a no discriminar a nadie en función de su raza, origen o religión.

Por no hablar de la necesaria erradicación de la tortura como infame procedimiento para obtener información. Confío que no sea esperar demasiado de Mariano Rajoy.


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