Opinión / Es periodista, uno de los fundadores de Telemadrid y su primer director de informativos.

Controlar a los jueces

Por Fermín Bocos 20 febrero, 2016 - 9:08

Haciendo suya la paradoja volteriana que asegura que solo se pueden tomar en serio las cosas de las que uno se puede reír,

José Manuel García Margallo, ministro de AA.EE. en funciones le recordó a Pablo Iglesias que fue Cristóbal Colón, y no él (Pablo Iglesias), el primer "socialista radical". El ministro que despacha labia y guasa con gracia le puso al tanto de que Colón "cuando salió no sabía a dónde iba, cuando llegó no sabía dónde estaba y el viaje lo hizo con fondos públicos". Iglesias se lo tomo con deportividad y respondió con ironía. La ironía delata inteligencia. Pero empezamos a descubrir al servicio de qué pone el ciudadano Iglesias su inteligencia. Y, como vamos a ver, hay proyectos suyos que no tienen gracia.

Podemos, en su propuesta a modo de programa para pactar con el PSOE reclama la "adhesión de jueces y fiscales al programa del Gobierno del cambio". Un compromiso que extiende a los miembros del Tribunal Constitucional y a los del CGPJ. Sorprende dicha propuesta  visto que Podemos tiene a dos jueces sentados ya en los escaños del Congreso: Pablo Yllanes y Victoria Rosell y es de suponer que a lo largo de toda su vida judicial han actuado con independencia respecto del poder político.

Mantener que la coordinación y designación de policías, jueces y fiscales encargados de combatir la corrupción "deberá producirse por consenso bajo la lógica de que los equipos de gobierno estarán necesariamente compuestos por personas capaces, con diferentes sensibilidades políticas, pero comprometidas con el programa del Gobierno del Cambio", es tanto como acabar con la independencia judicial.

Jueces y fiscales a través de sus asociaciones profesionales han calificando de "aberrante" semejante proyecto. Pese a ello, Podemos sólo ha matizado algunos aspectos menores de una pretensión que a la luz del mandato constitucional que consagra la separación de poderes resulta inadmisible. No es ése el camino que lleva a la necesaria regeneración de España. La corrupción pudre la democracia pero la mayor de las corrupciones es poner la Justicia al servicio de una  determinada ideología. Este es un asunto muy serio sobre el que Pablo Iglesias y sus compañeros deberían meditar. Reflexionar y volver grupas en relación con una propuesta que desprende un desagradable aroma pseudototalitario.


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