Opinión / Eduardo Ortiz es profesor y responsable del grupo de Bienestar Social de Ciudadanos Navarra.

¡El mundo necesita más Europa!

Por Eduardo Ortiz 20 enero, 2017 - 22:31

El mundo que nos ha tocado vivir se enfrenta en la actualidad a desafíos de enorme calado.

Imagen de la bandera de la Unión Europea. EFE
Imagen de la bandera de la Unión Europea. EFE

Algunos de los que más nos afectan a los europeos son el terrorismo islamista, los duros efectos de las diferentes crisis que estamos viviendo, la inestabilidad política o los problemas medioambientales. Sin embargo, tampoco podemos olvidar retos que afronta el planeta en su conjunto como la pobreza y desigualdad, las pandemias o el crimen organizado.

Al otro lado del Atlántico, Trump ha accedido a la Presidencia de la Hiperpotencia. Hace falta conocer bien la sociedad norteamericana y su situación de las últimas décadas para comprender mejor la llegada de este empresario al poder. No obstante, producen enorme preocupación sus constantes aseveraciones y las formas de ejercer la política que está mostrando.

Posicionamientos que, de llevarse realmente a cabo, supondrían, cuanto menos, problemas serios para nuestro proyecto europeo y para el mundo. Trump ha hablado de abandonar o renegociar el NAFTA con México y Canadá, de no seguir adelante con el Acuerdo Transpacífico (TTIP), de tener un trato comercial más severo con China, aumentando sus aranceles. Además, insiste en la construcción del muro en su frontera sur, no habla bien del Tratado de París sobre el clima, nos da claros avisos a los socios europeos para que invirtamos, a corto plazo, un 2% de nuestro PIB en defensa y aplaude la salida del Reino Unido de la UE.

Con este panorama, el desafío que ya afrontaba nuestro proyecto europeo, se hace todavía más grande. Los europeos tenemos, además, nuestros propios retos: superar definitivamente la crisis económica, progresar en las políticas sociales y de lucha contra la desigualdad, aumentar la cooperación y confianza entre los Estados, mejorar la productividad de nuestra economía, recuperar la confianza de los ciudadanos en las Instituciones; también en las europeas, la lucha contra la corrupción o hacer frente a los movimientos políticos populistas y extremistas que crecen de un modo lento pero seguro en nuestro continente.

Así, quizá la reacción humana primaria que anida en cada vez más compatriotas de nuestra vieja Europa que no es otro que apostar por volver a lo anterior, caminar solos y buscarnos la vida. En definitiva, la creencia sería la de que la UE tiene más desventajas que cosas buenas.

Sin embargo, suelen ser estos momentos de la vida humana, aquellos en los que nos encontramos en los límites de la misma, cuando ésta o la historia se abren o se cierran. No cabe duda de que el proyecto de Unión está en un momento clave.

Quizá, lo aparentemente más difícil sea apostar, precisamente en la debilidad, por reforzar el proyecto europeo. Cuando parece que nuestras relaciones con USA pueden variar y cuando los desafíos internos y externos son tan grandes tenemos que hacernos más fuertes y entrar al fondo, con decisión y valentía políticas, de dos cuestiones esenciales para nuestro futuro, como son la superación de la crisis y sus efectos así como dar pasos hacia una mayor integración económica, pero también política.

La aportación que la Unión Europea ya ha hecho a la historia de la humanidad pasará a esta misma historia. No podemos renunciar a nuestro modelo social, a nuestras altas cotas de libertad y bienestar. No podemos renunciar a ser un rtclaves para el ser humano. No podemos dejar de superar nuestros límites y de acordarnos del mundo que nos necesita.


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