Opinión / La vida misma

Tregua Olímpica

Por César Martinicorena 08 agosto, 2016 - 9:54

 Durante el tiempo en el que se celebraban los juegos olímpicos clásicos no se libraba batalla alguna. Se detenían las guerras entre las ciudades que participaban en aquel evento.

Tiempo de paz. Tregua olímpica. Mientras, la olimpiada, en origen, se refería al tiempo que transcurre entre unos juegos y los siguientes. Tiempo en el que se permitía guerrear con buen ánimo y convicción.

¿En qué momento nos hallamos, gracias a nuestros políticos, ahora mismo? ¿Tregua o guerra?Siguiendo la metáfora, no sabríamos a ciencia cierta si nos encontramos en un periodo de tregua política, propia de los JJOO, o en una guerra desatada, permitida en la olimpiada. Claro que hoy existe una guerra para hacerse con el gobierno de España, si bien la tregua legislativa y ejecutiva, debida a un gobierno en funciones y un parlamento silente, implica una desoladora inacción por parte de la clase política.

Viene al caso comentar que aquellos tiempos de paz olímpica fueron habitualmente utilizados por los mandamases de las ciudades para dialogar, pactar y negociar como para planear futuras contiendas. Seguro que no alcanzaron la perfección política pero, decenas de siglos después, siguen dando clases magistrales a ciertos menesterosos con unos ombligos tamaño Cañón del Colorado.

Siguiendo con los tiempos donde y cuando Grecia fue la luz, imagínense al pobre capullo de Filípides después de recorrer el famoso Maratón dando la noticia de la victoria helena sobre el malvado persa. Llega el hombre para dar la buena nueva y se encuentra a Rajoy, Sánchez, Rivera e Iglesias. Se hubiera muerto igual pero por diferente motivo. El que espichó por agotamiento se habría suicidado.

Últimas palabras: -¿ Y pa´  ésto me jodo yo a correr? Sus muertos. Ale, me reviento un piedro del Partenón en la chola y que les den. Adiós-o azeús- mundo cruel-. Paf y escoñao.

Digo yo que en  JJOO  no estamos. Allá por Olimpia debían pulular durante los juegos grandes hombres, gigantes deportistas, reyes, hacedores de leyes, políticos, hijos de las polis, hijos de la primera LEY. Bueno, y José María García. En éstos nuestros juegos o nuestra tregua no observo lo mejor del patio. No me imagino a los cuatro jinetes del apocaleches que nos han tocado en gracia pariendo nada que merezca la pena ser honrado.

Tiene pinta de que nosotros, los espectadores de los dos últimos juegos, asistiremos a unos terceros aunque todo parece indicar que otros muchos vamos a dejar de acudir. No pocos inventaremos  cualquier excusa para no ver a Marianikos, Pedrix, Albertopopulos y a Coletipodemis en la arena. Quizá a la del circo romano nos acercábamos; a la de la tregua olímpica, me da a mí que no.

Solo la ciudadanía merece la tregua. Ni uno de los 350 de la Carrera de los Jerónimos puede hacer mutis por el foro. Nosotros ya no tenemos el culo para ruidos. Ya no vale culpar a unos, dos o tres de los cuatro por este interregno insoportable. Que acaben con la caca de guerra o con la puñetera tregua y nos den un respiro. Además, solo de esta forma podremos hacer caso a las noticias de mayor relevancia como esa que ha sido parte de todos los telediarios y periódicos del país. ¡El niño ya se puede llamar Lobo! ¡Más vale porque me hallaba yo en un sinvivir !

Que sindiós, madre mía. ¡Asteroide, asteroide!


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