Opinión / La vida misma

Me declaro feminista

Por César Martinicorena 10 marzo, 2019 - 10:08

Hoy me he levantado y he acudido raudo a la peluquería para que Maite me corte los cuatro pelos de rigor. Después, con mi perra Tota, me he dirigido al bar de Rosario a por mi pareja de cafés- Dios,  qué bueno- para despertar al cerebro- ¿hay alguien?-. De ahí a la Academia. Debía llamar a Magdita para cerrar la compra de cierto material que necesito con urgencia.

Manifestación con motivo del Día Internacional de la Mujer en Pamplona. IÑIGO A. VALENCIA
Manifestación con motivo del Día Internacional de la Mujer en Pamplona. IÑIGO A. VALENCIA

Estas tres mujeres no han seguido la huelga y les aseguro que como alguien les intente dar una sola clase de feminismo, de trabajo, de responsabilidades, conciliación  o de sacar una familia adelante se van a encontrar con una bofetada de realidad en forma de colleja que les van a crujir las vértebras.

Me declaro feminista. Estoy completamente a favor de la igualdad ante la ley y de derechos de hombres y mujeres. Entonces ¿por qué no me siento implicado en esta manifestación? Cuando tienes la sensación de que se está yendo mucho más allá de lo que en un principio se dice defender y lo utilizan para trufarlo de ideología  me tengo que echar a un lado. Estas tres mujeres, como millones, han utilizado su libertad, capital, formación y tesón para conformar un proyecto de vida. Y lo han hecho y conseguido bajo la égida de la única forma política que ha podido conseguir ese grado de igualdad y libertad para todo ser humano. Las democracias liberales.

Me declaro insumiso ante una tercera-cuarta ola del feminismo que denosta esta democracia liberal pero, curiosamente, la utiliza para sus fines ya que es el único sistema político en el que se le permite hacerlo. Es la grandeza de la democracia. Me declaro feminista y me siento incapaz de seguir las directrices de un neocomunismo ( marxismo en lata ) que desea utilizar lo que ha costado siglos lograr para tratar de vendernos una idea que lleva fracasando cientosetenta años.

Me declaro feminista y me veo en la obligación de acusar a las protagonistas del feminismo ideologizado de enemigas de la mujer, del hombre y de las libertades individuales. Me declaro feminista y abomino de todas- y por una vez, todos- aquellas mujeres que  mienten sobre la brecha salarial y no le dedican ni un segundo a la verdadera brecha; la labotral. Me declaro feminista y no perderé ni un segundo de mi vida en asumir o compartir  la falsa igualdad que la tercera y cuarta ola del feminismo dicen perseguir.

Me declaro feminista y abjuro de todo aquel que tire piedras contra la familia. Y no, no hablo de la familia católica, apostólica y romana. Hablo de la forma de vida que eligió nuestra especie para desarrollarse, protegerse y desarrollarse con la intención de buscar la felicidad y la libertad que dan trascendencia a la propia existencia. Las nuevas formas que ha adoptado la institución familiar no hacen más que engrandecer a la misma; la enriquecen, la completan y la mantienen como lo que es, la única forma de organización del individuo que ha pervivido desde que el ser humano consiguió convertirse en un animal inteligente. Sólo quienes quieren acabar con la libertad del individuo y de la comunidad han intentado, a lo largo de los siglos, acabar con ella. Sin excepción. Comunismo y fascismo son quienes más saben de ésto, como en su día lo fueron no pocas tradiciones culturales y religiosas.

Me declaro feminista y, por eso mismo, me es imposible seguir este bárbaro manifiesto. Sabiendo que éste, mi feminismo, me convertirá como por arte de magia en un machista fascista, declaro firme mi más absoluto desprecio por toda aquella mujer que no me permita no compartir su ideología e ingeniería social. Es más, ya se puede ir a hacer puñetas, caceroladas, menhires con plastilina y comer sopa con tenedor.

El feminismo, más allá de compartirlo, se practica. No voy a aceptar ni un acento de ciertas mal llamadas feministas que intentan degradar un movimiento paganamente sagrado que ha costado un potosí implementar. Me declaro feminista y abjuro de toda esa recua de filibusteras que mandan a niñas de quince años, de diez, a repetir consignas ideológicas como si se trataran de verdades inmutables e irrefutables. Me declaro feminista y se me ponen los pelos de punta, de buena punta, cuando veo a cientos de miles de mujeres luchando por que la igualdad ante la ley se haga efectiva más allá de que en la letra de la ley esté conseguida. Ahí me quito el sombrero. Acompaño el movimiento y lo comparto. Y por esa misma razón, juro no pasar ni un segundo de mi vida aguantando a esa pústula ideológica que pretende malusar el gran feminismo para convertirlo en un cliché político más que lo vacía de su contenido primigenio.

Con la definición de feminismo que procura le RAE, no se puede no ser feminista si estás en tus cabales. Del mismo modo, no se puede compartir ese otro feminismo ideologizado si dices defender los derechos individuales del individuo, la propiedad  que éste tiene de su persona y trabajo y lo que éste produce. Me declaro feminista y me da auténtico asco todo personaje que pretenda sojuzgar la la libertad que hombres y mujeres tenemos de ser estar, pensar y parecer.

Y a aquel o aquella que estas lineas le parezcan las de un machirulo, que le aticen por la rima.


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