Opinión / La vida misma

Colombia, FARC, ETA, España

Por César Martinicorena 07 octubre, 2016 - 8:02

 El plebiscito se las traía. ¿Quién podía esperar el fabuloso NO a semejante caca de pregunta trampa?

Solo los colombianos. Más allá de una ética sublime, han demostrado algo que se nos antoja más que evidente. A saber: los colombianos son muy diferentes a muchísimos, españoles.

 Ese país donde se habla el mejor idioma español del planeta acaba de dar un repaso a la patulea política española como, simbólicamente, no lo hizo nadie desde aquellos malvados ingleses que hundieron a la vencida Armada Invencible. Esa pérfida albión….

 Todo el escenario esperaba bien pertrechado para recoger un estrambótico SI. Hasta enviamos a un rey emérito español a firmar por la amnésica barbarie. Los amanerados partidos españoles acordaron, esta vez sí, la desmemoria para olvidar al pueblo indefenso y asesinado. Creyeron en un SI rotundo  porque en la resolución aparecía la palabra PAZ. Creyeron que los colombianos eran españoles. Curiosa paz que llegaba con amenazas a los no alineados con la versión oficial; con descalificaciones hacia los que dudaban del significado de ese maniqueo y terrorífico SI al plebiscito.

 Los colombianos acaban de demostrar que esa paz a cualquier precio respira cianuro por cada uno de sus poros. Los colombianos acaban de demostrar que sus muertos no dejan de significarlo todo por mucho que yazcan bajo tierra olvidados por tantos. Acaban de decir al mundo, a España, que la paz no significa ausencia de guerra. Acaban de gritar a los vientos que ellos nunca serán iguales que los asesinos por mucho que la ley los intente dignificar como entes sociales y políticos.

 ¡Dios, que envidia! Qué maravillosas gentes aquellas que se negaron a plegar velas por mor de una tramposa paz. Qué formidable muestra de dignidad moral e intelectual. Qué bofetada a las mesnadas españolas de alfombra, sillón y red social. ¿Cómo no extrapolar y comparar la decisión del pueblo colombiano con la escoria ética de nuestro país? Los que lloran por sus muertos en aquel país hermano le han explicado mediante unas cuantas papeletas al pueblo español que nos hemos comportado como inmorales al permitir que la ETA entre de hoz y coz en las instituciones representativas. No tenían más armas que una simple papeleta para demostrar al mundo que hay valores por encima de la conveniencia y el cálculo político.

 Los cobardes y adocenados ya tachan de insensatos y vengativos a esos millones de individuos que han tenido los santos bemoles de escupirle en la cara a la clase política de su país y a la española. Les han dicho que esa paz pactada, la que quiere que olviden el horror , no puede pisotear el honor de sus gentes, el amor por el caído y el pueblo asesinado.

Y vuelvo la mirada a mi país y a mi comunidad; al viejo Reyno. Y muero de vergüenza y de celos. Qué lección han dado. Ni se me ocurriría criticar al colombiano que de buena fe votó por la tan deseada paz, pero no puedo menos que glorificar a los que no cayeron en la tentación de dejar que los políticos vicien sus principios. ¡Qué lección!

 Mientras, en Navarra, rendimos homenajes a asesinos en Berriozar y en muchos otros pueblos. En España damos cobijo intelectual y económico a la serpiente cobarde de Otegi y a muchos de sus conmilitones. Mientras en Colombia gritan libertad y justicia en España, los que adoran a las FARC, se huelen el asqueroso sobaco.

 Y tanto que les ha cogido con el pie cambiado a los que no conocen el jabón Lagarto. Creyeron que aquello era ésto. Pero no. Aquello ha resultado ser uno de esos oasis éticos que se encuentran cada muchas jornada de travesía en el desierto. Nadie les ha engañado con un lenguaje tramposo, aranero, malparido y prostituído. No han caído en las estafas de estampita que triunfan en la vieja metrópoli. Bien haríamos en observar y aprender de nuestros hermanos colombianos. Lecciones como ésta se reciben gratis et amore cada mucho tiempo.

¿Cómo no sorprendernos desde la corrupta metrópoli? ¿ Cómo no escrutar atónitos ese lugar donde ha vencido la mejor de las éticas, el respeto por uno mismo, el amor a su prójimo y la bonhomía de un pueblo?

Nosotros nos indignamos por dinero. Otros que tienen mucho menos mientras otros lo acaban de hacer por principios. Se han indignado para poder dormir seguros de que hicieron lo justo, lo correcto. Lo bello.

 Bendita seas, Colombia.


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