Opinión / Licenciado en Derecho y Ciencias Económicas por las Universidades del País Vasco y Complutense de Madrid.

El sorpasso y las posibilidades del PSOE

Por Carlos Carnicero 24 abril, 2016 - 23:45

En política, las matemáticas no son una ciencia exacta. Hay muchos factores que pueden desarticular la suposición de que una coalición entre Podemos e Izquierda Unida sumaría matemáticamente los votos que las dos formaciones consiguieron el 20-D.

Algunas reflexiones:

Podemos es un recién llegado a la política. Sus resultados han sido extraordinarios, increíbles, gracias al desencanto generalizado con los partidos tradicionales. Los fenómenos políticos que eclosionan de una manera fulgurante necesitan tiempo para decidir si son un fenómeno efímero o llegan para quedarse. Tenemos algunos ejemplos. La llegada a la política de Silvio Berlusconi fue apabullante. Aupada por la desintegración de los tres partidos hegemónicos en Italia después de la II Guerra Mundial. La Democracia Cristina, el PCI y el partido socialista italiano. Ahora Berlusconi es una anécdota del pasado. Luego vino Beppe Grillo, que tampoco existe ya.

Un partido necesita el reposo de su propia historia y del tiempo. Los partidos comunistas fueron una sopa de letras a la que solo sobrevivió la marca genuina.

La novedad de Podemos fue su falta de historia, para bien o para mal. Solo se podían juzgar sus promesas, sus desafíos y su pretendida transversalidad. Ahora ha gestionado ayuntamientos y otras ínsulas de poder. Ya se les pueden juzgar por sus hechos y sus actitudes.

Izquierda Unida ha sido refugio de la izquierda tradicional. Quienes votaron a este partido el 20-D resistieron los cantos de sirena de Podemos. Desecharon la pretendida "nueva política". ¿Por qué se supone que si no votaron a Podemos el 20-D lo van a hacer ahora, con las siglas adobadas de Izquierda Unida succionada por Podemos?

Para el PSOE la amenaza del sorpasso puede convertirse en fortaleza. A su Izquierda no habrá dos partidos sino uno solo. Una lucha cruel para la hegemonía de la izquierda, sin matices ni componendas.

Hay algunos asuntos sobre los que tendrán que meditar los potenciales votantes que provengan de Izquierda Unida. El primero, el derecho a la autodeterminación, además con barra libre para todas las comunidades. Hay pocas cosas que sean más contrarias al ADN de la izquierda que la segregación de los estados. Quienes voten a Podemos sabrán claramente que apoyan esos postulados.

El cesarismo, el personalismo y la jerarquía que ejerce Pablo Iglesias en Podemos certifica el populismo de esa formación. Los antiguos votantes de IU tendrán que decidir si quieren adherirse el movimiento del jefe de Podemos.

En el PSOE el reto es dar credibilidad a una izquierda democrática posible. No es fácil. Hay algunas actitudes que han reforzado el liderazgo de Pedro Sánchez. Pero si el PSOE no se quita de encima el complejo frente a Podemos, difícilmente le podrá disputar el espacio de la Izquierda.

Es imposible extrapolar los resultados del 20-D porque el escenario será distinto en las nuevas elecciones. La campaña, corta e intensa, tendrá que escrutar el universo de indecisos, que son muchos. Solo nos queda esperar y observar hasta que conozcamos los resultados.


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