Blog / La cometa de Miel

Amistad gitana

Por Pablo Sabalza 16 Abril, 2018 - 16:11

Con la luz del cigarro yo vi el molino, se me apagó el cigarro, perdí el camino.

Una guitarra acústica sobre un campo ARCHIVO
Una guitarra acústica sobre un campo ARCHIVO

Durante cinco veranos seguidos trabajé de socorrista en un camping de Navarra sito en la merindad de Olite.

Llegaba a finales de junio y me iba a mediados de septiembre. Allí disfrutaba de alojamiento (Bungalow), manutención y un veraniego sueldo habida cuenta del trabajo que tiene el responsable de una piscina.

El camping gozaba de todas las comodidades, ya que disponía de embarcadero, piscina climatizada, animación infantil, servicios para mascotas, así como bungalows, albergues y asistencia para autocaravanas…

A las tres de la tarde nos reuníamos todos los empleados del camping en el restaurante y reíamos de las ocurrencias de unos y otros mientras degustábamos la comida. Sumábamos, entre todos, más de ocho países con ecuatorianos, franceses, colombianos, ingleses, búlgaros, italianos…unos se dedicaban al mantenimiento, otros a la atención del bar y su terraza, a la limpieza del recinto o a la cocina.

En mi recuerdo aparece Kaima, una preciosa gitana de una localidad próxima al camping, que trabajaba como ayudante de cocina y que, a fecha de hoy, nadie ha superado en la elaboración de patatas fritas.

Una calurosa tarde de agosto, el padre de Kaima, D. Francisco, me convidó a cenar en su casa con motivo de las fiestas de su localidad natal y a mí, que me gusta un flamenquito, una guitarra y una reunión más que las estrellas estivales acepté la invitación.

Y allí reunidos, después de la cena, recordé una lectura pasada y bajo la música de guitarra española tocada por unos dedos gitanos que tenían más arte que el románico les dije:

¿Os cuento una historia?

‘Érase una vez un rey. El clásico rey déspota que era odiado por todo el reino. Sin embargo, había un mago que adivinaba el futuro y era querido por todos.

El rey le tenía mucha envidia, así que decidió crear una gran fiesta y preguntarle al mago, que como digo, descifraba el porvenir, cuándo iba a morir. El mago diría una fecha. El rey le daría muerte y todos advertirían que el mago era un impostor.

La gran fiesta. El cerdo. La manzana en la boca. Una gran mesa para todos los comensales.

El rey se acercó al mago y le preguntó:

-Mago, ¿cuándo vas a morir?

-Un día antes que vos-respondió-.

-¿Un día antes que yo?-exclamó el rey. Traedme al mago a mis aposentos. Que no le falte, absolutamente, de nada.

El rey y el mago, al cabo de los años, dilucidaron acerca de los asuntos de la corte. Se hicieron amigos. El rey cambió.

Un buen día, el monarca se acercó al mago y le dijo:

-¿Recuerdas aquel día que te pregunté cuándo ibas a morir? Ese día quería darte muerte.

-Lo sé-afirmó el mago. Hiciste un ademán en la daga y, por eso, respondí que moriría un día antes de morir vos. Usted, majestad, morirá cuando el destino así lo requiera.

Al día siguiente, murió el mago.

El rey, su amigo, cavó la tumba y estuvo horas y horas llorando la muerte de su amigo.

Al día siguiente, murió el rey.

Hay quien dice que el rey murió porque el mago había adivinado el futuro…

Y hay quien dice que el mismo rey se dio muerte para no desprestigiar la honradez de su amigo.’

A través de esta historia quise transmitirle a D. Francisco, el patriarca, a Kaima y a su familia, la hospitalidad brindada.

Sin apenas conocerme me abrieron su casa, me dieron de comer y de beber, me permitieron tener a su nieto en brazos…

No nos hemos vuelto a ver. Ya hace de esto muchos años.

Pero saben una cosa…yo ya sé dónde tengo unos amigos.

...te cuento otra historia?

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