Blog / La cometa de Miel

Tú igual no lo entiendes, pero tengo que volver

Por Pablo Sabalza 30 marzo, 2020 - 9:41

Siempre regresa el río a su caudal.

Una chica lanza sus manos al aire mientras disfruta de un día de sol.
Una chica lanza sus manos al aire mientras disfruta de un día de sol.

Tenía previsto un vuelo a mi tierra, Navarra, el próximo 13 de mayo tras nueve meses sin retornar.

Tú igual no lo entiendes, pero tengo que volver.

Debo regresar porque tengo una familia que me espera. Una madre que había plantado todas sus emociones en el mes de las flores con perfume a regreso de su hijo y un padre que me prepara en cada visita unos pimientos rellenos, rojillos, como no podía ser de otra manera… y que entenderás ansío examinar.

No veo claro mi regreso. Los aviones no vuelan. Los coches no ruedan. Los animales sacan a los dueños de casa y los pájaros advierten desde las ramas, sorprendidos, a las gentes enjauladas.

Tú igual no lo entiendes, pero tengo que volver.

Hay unas calles en Pamplona que necesito andar, escuchar, atender.

Ver a mis amigos de siempre y darles un abrazo. El abrazo del año, el de la vida.

Mi hermana es enfermera, mi amiga Montse es médico y así tantos a los que tengo que agradecer que cuiden y hayan cuidado a los míos, que eres tú.

Tú igual no lo entiendes, pero tengo que volver.

Cada año me azoto por la sensual frescura del viento de la primavera navarra y entrego un beso a todos los míos que emana del manantial que reside en mi habitar isleño.

Entenderás que hoy, en el parque desierto de la sombra en la que me cobijo, sueño la luz de mis despertares.

Pues en la rima que brilla y tiembla y que de esta forma hoy se transparenta anhelo asomarme al diamantino cielo que avistó mi infancia.

Tenía que asistir a varios centros docentes, encontrarme con jóvenes lectores que observan al escritor como un personaje de otro tiempo. Decirles que ellos también son escritores, pero que aún no lo saben. Apuntarles que mañana escribirán cómo sus padres y abuelos les mimaron en casa e hicieron cien y un malabares para distraerles en este confinamiento histórico que nos toca vivir.

Tú igual no lo entiendes, pero tengo que volver.

Visitar mi Sangüesa y recitarle los poemas que le debo ya se convierte en una quimera.

¡Ah, qué dicha la mía!

Los árboles que en mayo gestarán sus verdes hojas, esos cuerpos como palacios enramados hechos de brisa y tallos y lluvia, y aquellos ríos de plata por donde canta el encanto de su rumor es lo que florece hoy en la pradera de mis recuerdos.

Ya me confino de nuevo. Mi volar por mi tierra repliega sus alas.

Tú igual no lo entiendes, pero tengo que volver.

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Tú igual no lo entiendes, pero tengo que volver