Blog / La cometa de Miel

Ahí hay un hombre que dice ¡ay!

Por Pablo Sabalza 12 Noviembre, 2018 - 9:32

La ortografía no es una sopa de letras.

Un profesor imparte una clase en el aula de un colegio mientras un alumno lee su teléfono móvil.
Un profesor imparte una clase en el aula de un colegio mientras un alumno lee su teléfono móvil.

Se llamaba Cipriano.

Era maestro de lengua de enseñanza primaria y daba unas tortas como panes.

En aquellos tiempos los profesores enseñaban, también, con mano, nudillo y regla.

Aquel santo hombre me enseñó en el entarimado el ‘ahí hay un hombre que dice ¡ay ! de forma muy gráfica. Especialmente, el ‘¡ay!’.

Nos hacía exámenes de ortografía una vez a la semana. Eran sesenta palabras. Con cinco fallos estabas suspendido.

Tenía nueve años.

Las b y las v, la m delante de la p, la y o ll, la g o la j, con h o sin h, c o z, doble erre, los acentos…

Bóveda, amputar, llave, espionaje, hemorragia, inhalar, inhóspito…

Todo era un mundo para mí.

Su voz tronaba en el aula y una gota de sudor emanaba de mi frente a cada palabra que aquel maestro de la transición recitaba en voz alta.

Joya, cerilla, género, ajedrez, negligencia…

El compañero de al lado me susurraba…

-¡Sabalza! ¡Con be o con uve!

Yo le hacía el signo de victoria con los dedos y mi compañero sonreía.

Así aprendimos la ortografía en aquel colegio de los años ochenta.

También con la lectura.

Un libro al mes.

‘Fray perico y su borrico’; ¡El pirata Garrapata’; ‘Rastro de Dios y otros cuentos’…

Subrayábamos las palabras que no entendíamos para que el maestro Cipriano nos las explicase.

Él las anotaba y nos las preguntaba en el examen.

La ortografía, al menos en aquel centro docente y con aquella metodología ( la letra con sangre entra) que nunca compartí, la aprendimos. Para bueno o para malo.

El otro día leía en un artículo de El País, cito:

“En las pruebas de este año quedó vacante casi un 10% de las plazas, pese a que se presentaban diez aspirantes para cada una. Al parecer, las faltas de ortografía y gramaticales fueron determinantes para el fracaso de “un número no despreciable de opositores”.

Ballena, sarampión, luciérnaga, ampolla, absorber…

Dicen que muchos profesores de secundaria se quejan de cómo les llegan los alumnos de la primaria.  Y los de la universidad lamentan el nivel con que los estudiantes salen de los institutos y colegios.

Si llegan a conocer a ‘El Cipri’…me Río de Janeiro.

El artículo advierte que la mayoría de los concurrentes eran profesores interinos y que debían haber obtenido previamente el CAP (Certificado de Aptitud Pedagógica) o superar un máster de formación del profesorado. Lo peor de todo es que “al día siguiente de no superar las pruebas para ser funcionarios volvían al aula a continuar ejerciendo su labor, en calidad de interinos.”

Miedo me da el futuro.

Las nuevas tecnologías con sus nuevas formas de relacionarse omitiendo letras o con barbarismos provenientes del inglés:

Pa en vez de para; km stas en vez de cómo estás; sin signos de admiración y/o exclamación; tq; tok; estoy frozen…

Yo me imagino respondiéndole a ‘El Cipri’ a su pregunta:

-¿Cómo escribirías,  ‘bárbaro’?

- ¡Uy, Cipri! Me quedo crazy con su pregunta.

Créanme. Vería a Clint Eastwood con tiza y borrador recitando la frase:

-Me acabas de alegrar el día.

Al parecer nuestra ortografía es bastante más sencilla que la orthographe del francés o el spelling del inglés, y con un sistema de acentuación mucho más nítido que el italiano. 

Descorazonado, prevenir, holgazán, mayúscula…

No obstante, les invito a dejar el móvil a un lado y dirigirse a una librería, ya que  a este paso estamos destinados a encontrarnos por la calle y señalar a alguien exclamando:

¡Ahí hay un hombre que dice, ¡ay!

 *Dedicado a todos los docentes. En especial a los que día a día se entregan en las aulas en la formación gramatical y ortográfica de cada uno de sus alumnos. Mi sincero aplauso.

  • Los comentarios que falten el respeto y que no se ciñan al tema de la noticia, podrán ser eliminados.
  • Cada usuario será el único responsable de sus comentarios.
Ahí hay un hombre que dice ¡ay!