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La infancia son los padres

Por Leire Escalada 02 Febrero, 2018 - 8:24

Andrés Barba narra en 'República luminosa', ganadora del Premio Herralde de Novela, una enigmática fábula que rompe el mito de la infancia y reflexiona sobre la violencia y el miedo.

La novela 'República luminosa', de Andrés Barba, transcurre en una localidad tropical cercada por un gran río y una selva asfixiante.
La novela 'República luminosa', de Andrés Barba, transcurre en una localidad tropical cercada por un gran río y una selva asfixiante.

Infancia. ¿Cuáles son los primeros conceptos que se le asocian? Bondad, pureza y, sobre todo, inocencia. Pero, ¿realmente es así? Andrés Barba (Madrid, 1975) rompe con este mito en su última novela, República luminosa, galardonada con el Premio Herralde de Novela de la editorial Anagrama.

Su narrador es un funcionario de Asuntos Sociales que relata, con estilo de cronista, unos hechos sucedidos veinte años atrás, en San Cristóbal, una pequeña ciudad provinciana tropical a la que llegó con su mujer y su hija para trabajar en el Ayuntamiento. El detonante es la misteriosa aparición, en 1995, de 32 niños desarrapados en esta claustrofóbica localidad, abrazada por un gran río y la selva, y los violentos y traumáticos sucesos que ocurrieron en año y medio.

Como en otras célebres historias, como Crónica de una muerte anunciada, el lector conoce el desenlace desde el inicio: “Cuando me preguntan por los 32 niños que perdieron la vida en San Cristóbal mi respuesta varía según la edad del interlocutor”. Esta declaración no hace sino avivar el fuego del enigma, un misterio que Barba sabe mantener vivo con maestría, midiendo cada detalle de esta crónica en la que, a pesar de que todo es real, los personajes encuentran toda suerte de cabos sueltos que prenden  la mecha de la superstición y del miedo ante estos violentos pequeños de entre 9 y 13 años. ¿Quiénes son? ¿De dónde vienen? ¿Dónde están?

La novela reflexiona sobre la infancia, la paternidad, el comportamiento de los adultos frente a los niños y las fallas que provoca en la supuesta civilización el azote del miedo y lo desconocido.  Y una vez abiertas estas grietas, se cuestiona la reacción brutal que originan.

Barba construye con este grupo de niños una sociedad nueva – sin líderes - que tiene que redefinirlo todo, desde el lenguaje – los niños inventan una nueva lengua para comunicarse – hasta qué entendemos por amor.  “Cientos de millones de termitas devoraban el interior de aquel árbol de quince metros, produciendo un calor más fuerte que el de una calefacción. Los niños tuvieron un sentido de la comunidad como el de aquellos insectos: eran huéspedes, pero también parásitos; parecían débiles pero eran capaces de borrar el trabajo paciente de siglos. No pretendo caer en el mismo error que acabo de juzgar, pero casi juraría que la comunidad de los niños había abolido también el amor. O cierto tipo de amor. El nuestro”.

Es el narrador quien invita a pensar, a cuestionarse, quien permanentemente azuza el extrañamiento y la curiosidad del lector. Con cierto aliento épico, la novela está construida con escenas vibrantes, como una en la que el funcionario sorprende a su hija escuchando con la oreja en el suelo bajo el lavabo, tratando de comunicarse con esos extraños niños que nadie logra localizar.

Tiene Barba una prosa poderosa y táctil, llena de capas, que también están en el lenguaje y en su precisión. Uno siente esa selva asfixiante, la agitación de la turba de vecinos, el sudor cayendo por la frente tras un enfrentamiento rabioso. Hay algo kafkiano en esta historia, ecos de Conrad también. Nada es políticamente correcto. Y se agradece. Una novela sobresaliente.

FICHA

República luminosa. Andrés Barba. Anagrama. 187 páginas. 16,9 euros.

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