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Mi ventana indiscreta

Por Juan Iribas 29 enero, 2016 - 0:43

Puedo prometer y prometo que soy la persona que mejor se lo pasa tendiendo la colada. He de confesar que siempre seré un eterno aprendiz con las pinzas, los calcetines, las camisetas y demás, pero lo que yo observo desde mi ventana es digno de ‘prime time’ en alguna de esas cadenas que nadie ve, pero que tienen demasiada audiencia.

Hace unos días, mientras centrifugaba la lavadora, levanté la persiana. No sé si el jaleo y el alboroto llegaban de mi destartalado electrodoméstico o de la calle. ¡Qué ruido! Cuando ya tuve la ropa limpia y húmeda en mi poder, salí a tenderla. La verdad es que el viento favorecía que en dos horas pudiera estar todo en sus armarios y cajones correspondientes.

Pues eso, salí a tender y…, sorpresa. Me encontré a Melendi fumándose un cigarro rubio. Nos separaban cinco metros y un mundo. Frente a frente.

-Buenas tardes. A ver si tiendo…

-Pues yo, a cantar a Peralta. ¿Quieres una entrada?

-No, gracias, muchas gracias…

El caso es que luego quise seguirle la pista al cantante de la aerofobia y tiene unas letras que ya las quisieran algunos más que los ‘triunfitos’ pa’los domingos. Hasta un buen amigo, culto como una biblioteca, tararea de pe a pa todos sus discos.

Y dos o tres semanas después, nueva colada y otro revuelo. Cosas del mes de agosto. Había más féminas debajo de mi casa, que calcetines desparejados en mi poder. “¡Sal al balcón, sal al balcón!”, chillaban. Conste que no era por mí. ¿Quién será? Me encantaría, por ejemplo, que se tratase de Allan Stewart Königsberg. Ah, ¿qué no sabes quién es Allan? Su nombre artístico, Woody Allen. Me lo imagino tocando el clarinete con sus gafas de pasta y su mirada inconfundible. Pero, no, el griterío tenía que ver con la presencia de Fran Rivera.

Me fijé que el torero, que estaba en gayumbos, tenía la chaquetilla colocada en una butaca y que hablaba por teléfono con alguien. Se lo estaba pasando en grande. ¡Qué manera de reírse! Cuando asomó la cabeza por la ventana, me dirigí a él:

-Francisco, ¡suerte maestro! Mañana te veo en la plaza de toros.

-Lo que hace falta es que embistan… Gracias. Y que no tengamos este viento, que a ti se te va a secar la ropa muy rápido, pero eso es muy malo pa’torear.

Yo, que vivo frente a un hotel, les conté estas anécdotas a mis amistades y ya hay lista de espera para tenderme la colada.

Como diría Alfred Hitchcock, no hay nada mejor que una ventana indiscreta.

Ideación de ‘Mi ventana indiscreta’

Este relato se me ocurrió mientras tendía la colada el otro día y recordaba mis encuentros casuales con Melendi y Fran Rivera.

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