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Fiesta de disfraces

Por Juan Iribas 04 marzo, 2016 - 1:17

Llevaba una temporada bastante entristecido y no paraba de repetir cabizbajo aquello de que una ex es para siempre, así que sus amigos decidieron invitarlo a una fiesta para que se animase.

Se iba a celebrar en un casino, donde sonaría música ochentera y el brindis correría a cargo de unas copas llenas de su bebida favorita: ginebra con tónica. El único requisito era llegar disfrazado. Unos iban vestidos de dragones, otros de príncipes, había caperucitas, duendes…

Él alquiló un traje de submarinista con sus botellas de oxígeno, sus gafas de bucear, la chaqueta, la capucha, el chaleco, el peto, los escarpines, los guantes, la máscara. Ni el francés Jacques-Yves Cousteau lo hubiera igualado.

Se lo estaba pasando tan bien, que no quiso desvelar a sus amigos quién estaba bajo el neopreno. Nadie lo sabía. Bailó las canciones de Bonnie Tyler como si se encontrara sumergido en el océano Atlántico; movía los brazos dibujando círculos en el aire a la vez que agachaba la cabeza.

Le llamó la atención alguien que se había disfrazado de muñeco Michelín y que bailaba con bastante gracia al ritmo de ‘It's a heartache’ con un vestuario muy logrado, por cierto, idéntico al del fabricante de neumáticos.

Quizá debido al alcohol, donde ahogaba sus penas, el submarinista le contó a esa pila de llantas que llaman ‘Bibendum’ que se encontraba bajo de ánimo esa temporada por culpa de un malentendido con su mujer -¿o ya exmujer?- que le había obligado a hacer las maletas. Una de esas tonterías que si no se solucionan, van a más a toda velocidad.

Bibendum’, pese a conservar la sonrisa del disfraz, también atravesaba una mala etapa: los problemas del trabajo se los llevaba a casa y ahí desembocaban las interjecciones y las exclamaciones. Todo se lo confesó con detalles hasta que murió aquella noche de sábado.

Dos copas después, ya plena luz del día y con cierta dosis de confianza, se dijeron: “¿Y si nos desenmascaramos? Llevamos juntos más de doce horas, primero bailando, y después, contándonos nuestras vidas”. El submarinista pasó a ser Hugo y el muñeco Michelín, Natalia. Se abrazaron mientras lloraban y prometieron no volver a discutir.

Ideación de ‘Fiesta de disfraces’

Hace algún domingo me llamó la atención la respuesta de un guionista de cine del que no recuerdo su nombre en una entrevista radiofónica: “Una ex es para siempre”. Me pareció una frase ingeniosa.

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