Blog / Caracteres con espacios

Un euro

Por Juan Iribas 23 septiembre, 2016 - 0:00

El otro día fui a una cafetería a matar el gusanillo y pedí algo para comer (no recuerdo qué) y un batido de chocolate frío.

Por casualidades de la vida, se sentó a mi lado un torero del que guardo su autógrafo, aunque no le dije nada más que el taburete de al lado estaba libre (en realidad, la presencia del torero es lo de menos y no sé para qué lo cuento…). 

La joven que me atendió, con una coleta alta oscura, los ojos rasgados y la sonrisa puesta de siete a tres, me dio las vueltas. Recordaría su cara en una rueda de reconocimiento dentro de doscientos años. Yo, mecánicamente, guardé las monedas en el bolsillo y me fui hasta Ávila, que es donde vivo desde hace catorce meses.

Cuando llegué al garaje, metí las manos en los bolsillos para buscar las llaves y palpé los cambios que me había dado en Madrid esa muchacha. El tacto me aseguró que no me devolvió lo correcto, sino un euro más, así que pensé en dárselo al primer mimo, sin techo o acordeonista que me tropezara por la calle.

Los 40 grados a la sombra provocaron que nadie coincidiera conmigo en el trayecto, así que entré en un bar de esos que aún sirven Soberano sobre una barra de acero inoxidable bajo la sinfonía de dos tragaperras y pedí que me sellaran una Bonoloto automática de un euro. Besé la moneda y suspiré cual pastor alemán en el porche de una fábrica.

Hoy voy a volver a Madrid para tomarme en esa bendita cafetería lo que sea y un batido. No sé si devolverle la moneda a aquella chica o contarle esta historia al oído, soltarle el delantal, huir juntos en un Cadillac y casarnos en Las Vegas. ¡Soy millonario!

Ideación de ‘Un euro’

El otro día fui a una cafetería en Pamplona y una joven me devolvió un euro más, que se lo di mientras maquinaba esta historia.

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