Blog / El espejo de la historia

Siglo y medio de la Tabla Periódica

Por Javier Aliaga 24 enero, 2019 - 22:11

La Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) declaró 2019 como Año Internacional de la Tabla Periódica de los Elementos, coincidiendo con el 150 aniversario de su creación por Dmitri Mendeléyev. Este año asistiremos, por tanto, a diversos eventos conmemorativos de aquel descubrimiento.

Dmitri Mendeléyev y su inicial Tabla Periódica de los Elementos.
Dmitri Mendeléyev y su inicial Tabla Periódica de los Elementos.

La mayor parte de las sustancias de este mundo son combinaciones de “cuerpos” más básicos, que no pueden descomponerse, denominados elementos. Los cuales toman cada vez más protagonismo en el mundo de la tecnología –un smartphone contiene una treintena de ellos-; reflejándose en la actualidad informativa: incidencias en países en conflicto, predominio de China, hallazgo de nuevos yacimientos, etc.

La primera clasificación que puso orden y concierto en los elementos de la naturaleza, data de 1869, su artífice fue el químico ruso Dmitri Mendeléyev que tabuló los 63 elementos que se conocían en la época, en función de ciertas propiedades químicas y de su peso atómico –hoy masa atómica-. Un año más tarde, de forma paralela, el científico alemán Lothar Meyer publicó una clasificación similar basándose en propiedades físicas.

Los trabajos del ruso y del alemán fueron considerados independientes. Ahora bien, lo que no fue una casualidad es que ambos científicos habían asistido a la primera reunión científica internacional de la historia, el Congreso en Karlsruhe (Alemania) de 1860, donde el italiano Cannizzaro expuso sus trabajos sobre el peso atómico de los elementos.

Durante años, los científicos de la época habían trabajado en clasificar los elementos. De hecho Lavoisier, considerado como “el padre de la química moderna”, -guillotinado en 1794 durante régimen del Terror de la I República Francesa-, enumeró, con 2 mayúsculos errores,   33 elementos; posteriormente, fueron presentados, con poca fortuna, diversos intentos: las tríadas de Döbereiner (1829), el gráfico de hélice del geólogo de Chancourtois (1862) y la “ley de las octavas” de Newlands (1864).

La fama se la llevó Mendeléyev, que explicó el comportamiento de las propiedades químicas de los elementos según una ley periódica dependiendo de su peso atómico, incorporando dos genialidades: en algún caso prevalecía su posición tabular sin respetar el peso atómico –Yodo y Teluro-; en otros dejó huecos, atreviéndose a predecir la existencia de cuatro elementos y de sus propiedades, años más tarde se confirmaron sus pronósticos -galio (1875), escandio (1879), germanio (1886) y tecnecio (1937)-. El científico ruso no llegó a conocer su cuarta predicción, pero sí las tres anteriores; para entonces su prestigio era incuestionable.

La ciencia ha hecho grandes descubrimientos hasta llegar a la actual Tabla Periódica, la cual ya no está ordenada por el peso atómico, sino por el número atómico –número de protones- modificación que hizo Moseley en 1914. Personalmente puedo constatar que en mi último libro de química figuraban 106 elementos; desde que lo arrinconé, la investigación científica en el campo de los materiales ha agregado una docena de ellos, cuyas cuatro incorporaciones más recientes han sido los elementos con números atómicos: 113 (nihonio), 115 (moscovio), 117 (teneso) y 118 (oganesón).

El ilustrativo video “300 years of element discovery” de Jamie Gallagher representa, en 99 segundos, la historia de la incorporación de los 118 elementos. A la vista de esta animación, podemos observar que en el año 1869, la Tabla presentaba poco más de la mitad de elementos de la actual; consecuentemente ha tenido que pasar un siglo y medio para completar los 55 restantes.

Sin embargo, téngase presente que hay una gran diferencia; los 94 primeros elementos se encuentran en la naturaleza –algunos inestables-, mientras que los restantes, los comprendidos entre el 95 y el 118, han sido sintetizados en laboratorios, cuya competencia es desenfrenada por obtener el siguiente elemento.

El hecho de que la ONU haya instituido 2019 como el año de la Tabla Periódica coincidiendo con el 150 aniversario de la publicación de la clasificación de Mendeléyev, puede llevar al equívoco de que es el resultado de una única persona, obviando que ha sido una obra colectiva de toda la comunidad científica.

Lo cierto es que antes de 1869 la ciencia ya había sentado las bases de la misma, tras aquel año han llegado numerosas aportaciones. En definitiva, si Mendeléyev no lo hubiese hecho, cualquier otro, más tarde que pronto, podría haberlo hecho.

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