Blog / El espejo de la historia

Mientras dure la guerra

Por Javier Aliaga 08 diciembre, 2019 - 11:13

El autor describe el proceso que engendró la dictadura de Franco.

El polémico decreto publicado el 30 de septiembre de 1936.
El polémico decreto publicado el 30 de septiembre de 1936.

Lo normal es que una frase se haga célebre por haber sido pronunciada o publicada, lo extraordinario es que pase a la historia precisamente por todo lo contrario; es decir, por haber sido eliminada. Es el caso de “Mientras dure la guerra” que da título a la última película de Amenábar. Fueron 4 palabras que pudieron haber cambiado el transcurso de la historia de España, su anulación engendró un dictador.

Amenábar ha trivializado en exceso el nombramiento de Franco como jefe de Estado. No se resolvió en una sola reunión, ni tras la esperpéntica intervención de Millán Astray. Los militares de la Junta de Defensa eran africanistas y conocían el significado de baraka (suerte providencial). Además, es falso que los tiros «a él [Franco] ni le rozaban»; en 1916, en El Biutz, cerca de Ceuta, fue herido mortalmente de bala en el abdomen: perdió su baraka y un testículo.

En realidad, todo fue más complicado, fueron necesarias intrigas, añagazas y dos reuniones. La primera tuvo lugar el 21 de septiembre de 1936, a las afueras de Salamanca, en un barracón de un aeródromo improvisado en la finca de un ganadero de reses bravas. Allí se reunieron, encabezados por Cabanellas, los generales: Kindelán, Orgaz, Franco, Queipo de Llano, Saliquet, Mola, Gil Yuste y Dávila. Así como dos coroneles del Estado Mayor, Montaner y Moreno Calderón.

Kindelán era monárquico, amigo personal de Alfonso XIII, del cual había recibido instrucciones para que apoyase la candidatura de Franco. El ingenuo Borbón, pensaba que habiendo sido éste su gentilhombre de cámara y al que le había hecho varios favores, traería la restauración monárquica.

La reunión comenzó a las once y medía de la mañana con temas ordinarios y se prolongó hasta la hora del almuerzo. En la sesión de la tarde se abordó el asunto del mando único. Mola lanzó un ultimátum: «A mí me parece tan conveniente el mando único que si antes de ocho días no hemos nombrado un generalísimo no sigo. Digo ahí queda eso y me voy.»

Todos, al estar convencidos de la necesidad de un mando único militar, votaron a favor, salvo Cabanellas partidario de un directorio de generales. Seguidamente pasaron a designar la persona, los dos coroneles se autoexcluyeron de la votación por cuestión de grado. Kindelán pidió votar el primero manifestando que su candidato era Franco, a excepción de Cabanellas, el resto apoyó esta propuesta. Para finalizar el cónclave, acordaron no difundir el nombramiento hasta que la Junta lo publicase.

El hermano de Franco, Nicolás formó una camarilla con Kindelán, Millán Astray y Yagüe para convencer a Franco de su papel y encumbrarlo a la jefatura del Estado. Conforme al plan, el recién generalísimo convocó una reunión el día 28 para fijar las atribuciones del cargo.

La víspera de la reunión se produjo un hecho favorable a la candidatura de Franco; las tropas insurgentes entraron en Toledo poniendo fin al asedio de setenta días del alcázar. Desde el punto de vista militar la decisión de ir a Toledo, demorando la toma de Madrid, ha sido la más controvertida de la Guerra Civil, ha hecho correr ríos de tinta. Ahora bien, en lo mediático, no hay discusión, fue un éxito de Franco que supo rentabilizarlo políticamente.

La noticia del Alcázar de Toledo trajo consigo una explosión de júbilo en la zona rebelde. En Pamplona se concentró una multitud en la plaza del Castillo, celebrándose una manifestación por las calles. Del mismo modo, en Cáceres la gente se congregó ante el palacio de los Golfines de Arriba –cuartel general de Franco-; Millán Astray, Yagüe y Franco salieron al balcón para dirigir unas palabras a la muchedumbre.

El lenguaraz Yagüe desveló lo que era un secreto de la primera reunión y lo que estaba por decidir: «Artífice de esta obra es el general Franco... mañana tendremos en él a nuestro generalísimo el jefe del Estado» Aquello fue su proclamación urbi et orbi que finalizó con un enfervorizado: ¡Franco, Franco, Franco!

La segunda reunión se celebró el día 28 con los mismos asistentes y en el mismo barracón que la precedente. Llegaron en avión Franco, Orgaz, Yagüe y Kindelán. Allí esperaban varias compañías de carlistas y falangistas para rendir homenaje al nuevo generalísimo, tal y como había organizado Nicolás Franco.

Ante los reunidos, Kindelán leyó un decreto que había redactado conjuntamente con Nicolás Franco. El desacuerdo era total, el alcance era muy superior a lo acordado el día 21, en especial el artículo tercero «llevará anexa la función de jefe del Estado mientras dure la guerra». No comprendían que las funciones militares fuesen emparejadas a las políticas.

A la hora de almorzar se incorporó Yagüe, su actuación ha dado pie a discrepancias según autores: unos describen que transmitió el respaldo de la Legión a Franco; otros, que insinuó la insubordinación de los legionarios si no aceptaban la propuesta de Kindelán. En la sesión de tarde, según Kindelán, por «patriotismo y desinterés por parte de todosse llegó a un pleno acuerdo en lo propuesto».

Aquella noche Cabanellas, antes de validar el texto, habló por teléfono con Mola y Queipo –según algunos autores se marcharon tras la comida-; con la conformidad de Mola, encargó a Yanguas Messía su redacción final. Al cabo de los años, varios generales se lamentarían de aquella elección.

Dos días más tarde se publicó el decreto en el que «se nombra Jefe del Gobierno del Estado Español al Excmo. Sr. General de División D. Francisco Franco Bahamonde, quien asumirá todos los poderes del nuevo Estado.» La redacción es “a la gallega”, imprecisa y poco clara, pues en realidad se le asigna el Gobierno y no el Estado, lo desconcertante es la expresión “todos los poderes” del Estado. Naturalmente Franco no dejó resquicio a la duda, inmediatamente empezó a utilizar y a firmar con el atributo “Jefe del Estado”.

Lo más sorprendente es que había desaparecido la expresión “mientras dure la guerra” –exigencia de los monárquicos-. Sin la limitación de la temporalidad, Franco asumía todos los poderes del Estado de forma permanente. Había nacido un dictador. Este calificativo, con mayúscula, fue utilizado por la nota oficial de prensa que publicaron los periódicos de la zona sublevada tras su investidura el 1 de octubre de 1936: «El Dictador revista las tropas…»

¿Quién amputó el texto? Las sospechas se ciernen sobre los dos hermanos Franco. Hay una leyenda que atribuye a Nicolás haber enviado una moto a la imprenta para corregir el texto. Paul Preston inculpa a Francisco de la eliminación «antes de someterlo a la firma de Cabanellas». Fuese quien fuese la mano correctora, aquel decreto constituye el primer texto censurado del franquismo.

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