Opinión / Victoria Lafora comenzó su carrera profesional en Diario 16 y participo como jefa de nacional en la salida de Telemadrid,

Menos paternalismo

Por Victoria Lafora 24 abril, 2016 - 0:39

Los periodistas de este país no necesitamos la protección de ninguna fuerza política para desarrollar libremente nuestro trabajo.

Tampoco hemos solicitado un debate sobre cómo funcionan los medios de comunicación por dentro. Si realmente se diera esa coacción, de la que hablan los dirigentes de Podemos, a la libertad de expresión, el Estado de derecho tiene cauces suficientes donde denunciarlo.

Se equivoca Carolina Bescansa al convertir sus "disculpas" a los periodistas, vejados e insultados por su líder Pablo Iglesias, en una victimización de sus siglas, atacada por los medios. Convendría que se hicieran mirar si no son ellos, la actual dirección de Podemos, los que están equivocando el mensaje a los ciudadanos, llevados de una soberbia académica que les hace perder los papeles cuando no se dice lo que ellos quieren oír. La vergonzosa descalificación de Pablo Iglesias a un periodista de El Mundo refleja la deriva autoritaria del personaje. Se atrevió con el eslabón más débil de la estructura de un medio de comunicación: el redactor encargado de cubrir la información diaria de su partido. Ese al que pretende proteger de los "sátrapas de sus jefes" humillándoles en público. Curiosamente, tan interesados como están en Podemos por debatir la situación de la prensa, no se les ha oído ni una palabra de solidaridad ante el ERE que amenaza a la redacción de ese periódico y que puede poner en la calle a ochenta y cinco trabajadores. A Podemos solo le interesa Podemos.

Otro de los que han aprovechado las excusas para hacer un discurso inaceptable ha sido Pablo Echenique, el nuevo poder fáctico de la formación morada. El relato de informadores amedrentados que ven sus textos mutilados y sin capacidad de titular sus propia Informaciones, se lo ha inventado. Resulta, sin embargo, sorprendente que los nuevos dirigentes de Podemos no se tomen la molestia de averiguar de dónde salen las campañas de difamación en las redes sociales, donde tan activos son, contra cualquier periodista que se atreva a escribir una crítica a sus propuestas.

Señores de Podemos, hay periodistas de a pie que no tienen miedo a sus jefes; se lo tienen a sus bien engrasados equipos en internet que despellejan a todo aquel que no les jalea.

La espantada del jueves fue el primer acto de dignidad de una profesión que creían manejar a su antojo y a la que pretendían atemorizar desde las redes sociales. Si el día en que Pablo Iglesias se mofó de la brillante periodista Ana Romero, descalificándola por su abrigo, sus compañeros hubieran reaccionado levantándose y marchándose, no se habría llegado tan lejos.

Las constreñidas disculpas de Pablo Iglesias, afirmando que sus descalificaciones eran impropias de quien aspira a ser presidente del Gobierno, han puesto en evidencia, una vez más, la altanería y la prepotencia del personaje.

A lo mejor, en su afán por redimir a la sociedad de sus pasadas y presentes culpas por apoyar a formaciones "viejunas", creyó que había que matar al mensajero. ¡Qué error, que inmenso error, a las puertas de una campaña electoral!


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