Opinión / Victoria Lafora comenzó su carrera profesional en Diario 16 y participo como jefa de nacional en la salida de Telemadrid,

La estrategia del deterioro

Por Victoria Lafora 04 octubre, 2015 - 8:18

Todo hacía pensar que a Artur Mas no le salían las cuentas, que su estrategia había fallado porque ni él ni sus compañeros de candidatura  habían sido capaces de encandilar a los indecisos.

Seguramente porque su única propuesta, la independencia, desligada de ofertas más propias de unas elecciones autonómicas, resultaba ajena, o al menos lejana, para quienes esperaban de un president soluciones para los problemas reales por los que atraviesa Cataluña. Nada sobre el paro, nada sobre la sanidad, nada sobre educación, nada sobre corrupción... Nada sobre nada.

A Mariano Rajoy tampoco parecían salirle las cuentas. Su estrategia también resultaba fallida, precisamente porque la estrategia de Mas no había tenido el éxito esperado. Menuda paradoja, pero así son las cosas. Y es que estas pasadas elecciones propiciaban para Rajoy la posibilidad de envolverse en la bandera nacional, convirtiéndole en el gran defensor de la unidad patria. Pero esa coartada se devaluó ante lo improbable de que, con los resultados de las urnas, las fuerzas secesionistas pudieran, antes de las elecciones generales, plantear unilateralmente la independencia. Así que se le ponía más difícil a Mariano  Rajoy erigirse en héroe salvador. Y, aunque su estrategia seguiría siendo la diseñada, su eficacia se veía muy disminuida.

Esta vez, el envolverse en banderas, la nacional y la estelada,  iba a servir de muy poco a ambos presidentes. Sobre todo ante la contundencia con que la CUP se reafirmaba en su negativa a votar los recortes y la corrupción que Más representaba.

Pero, hete aquí que la decisión del TSJC de imputar a Artur Mas, Ortega y Rigau, por la consulta del 9N, vuelve a imprimir a la historia un giro de 180 grados. La querella emprendida por el Fiscal General del Estado y los comentarios hechos al respecto por el Ministro de Justicia vuelven a poner en entredicho al poder judicial, con acusaciones de ser instrumentalizado por el Gobierno de España.

Y en la CUP comienzan a manejarse extraños conceptos de gobernabilidad que hacen sospechar importantes cambios en lo que habían sido sus compromisos electorales. Así, Artur Mas, que parecía herido de muerte, resucita para volver a convertirse en un sólido candidato a la presidencia de Cataluña.

Por lo que una ya no sabe qué pensar; si estamos asistiendo a los burdos tejemanejes de unos políticos muy mediocres, o si detrás de todo ello hay una maquiavélica estrategia por parte de unos y de otros para, cueste lo que cueste, perpetuarse en el poder. En cualquier caso, lo que sí están logrando los gobiernos español y catalán es el deterioro difícilmente reparable de España y de sus instituciones. Y eso solo podrán solucionarlo los ciudadanos el 20 de diciembre con sus votos.


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