Opinión / Victoria Lafora comenzó su carrera profesional en Diario 16 y participo como jefa de nacional en la salida de Telemadrid,

Que empiece ya, que el público se va...

Por Victoria Lafora 09 marzo, 2016 - 23:41

Decían que el lunes siete iban a comenzar, de verdad, las negociaciones con las fuerzas políticas que llevaron al fracaso la investidura de Pedro Sánchez.

Todos tenían guardado en la manga  un as que iban  a ofrecer solo a partir del lunes. Primero había que demostrar que Ciudadanos y PSOE habían perdido por la osadía de intentar lo que sabían imposible.

Bien, estamos a jueves y las cartas no han llegado. Podemos sigue vetando a Albert Rivera y Mariano Rajoy, aferrado a su mantra de que es la lista más votada, pretende romper el pacto, exigiendo reuniones por separado. Mientras, la última encuesta del CIS constata la preocupación y el hastío por la galopante corrupción, al tiempo que el interés por la política cae al nivel de la indiferencia.

Lo que empieza a aflorar, y parece ser solo la punta del iceberg, son las tensiones internas de los responsables del fracaso en la investidura. En el PP se ha oído -¡por fin!- la voz de un señor de Murcia que ha dicho en voz alta lo que muchos cargos susurran en privado en los oídos de los periodistas: que Mariano Rajoy es un lastre para el partido y que tiene que retirarse. No puede repetir como candidato.

Sus cercanos comentan que quiere hacer una transición suave para que el partido no se despedace y dejar, así, un sucesor con posibilidades; un Núñez Feijóo, por ejemplo. Pero, entre lo que cuentan, filtran, o dicen en las comparecencias públicas, no hay consonancia. Así que el público se está marchando a sus casas con el riesgo de que no acuda a las urnas el 26 de junio.

Los de Podemos tienen liada una buena. Recién llegados a la política de verdad, empiezan a rompérseles las costuras. Las "Mareas" andan levantiscas. Han visto su capacidad de convocatoria y recelan de entregar todo el poder al ego de Pablo Iglesias. Incluso sus propias bases, las de Podemos, se suman a la rebelión. Acusan a Errejón e Iglesias, y su guardia pretoriana, de dictar nombres desde Madrid a las sedes de provincias.

Por si faltaba algo parece que entre ambos dirigentes las cosas no van tan bien. La ola de amor que proclamó Iglesias desde la tribuna del Congreso les ha abandonado. El gesto de asombro/contrariedad con que Errejón escuchó la acusación de "cal viva" a Felipe González denotaba diferencias más profundas sobre gobernabilidad y pactos de lo que reflejaron sus cejas.

Parece pues que las últimas expectativas de lograr el acuerdo, que exigen los españoles para no volver a las urnas, pasa porque las crisis internas de PP y Podemos depuren las líneas rojas y los vetos que ambos trazaron desde diciembre hasta hoy.


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Que empiece ya, que el público se va...