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Cumpleaños de Carmena y Colau

Por Victoria Lafora 31 mayo, 2016 - 9:31

Hace un año que la ex magistrada Manuela Carmena y la activista anti desahucios Ada Colau fueron elegidas alcaldesas de las dos principales ciudades españolas.

El estupor inicial de los bienpensantes se ha ido adaptando a una realidad cotidiana que, con sus luces y sus sombras, forma parte del paisaje urbano sin grandes sobresaltos.

Es verdad que Carmena, rodeada de un equipo de treintañeros sin ninguna experiencia en gestión pública y con historiales combativos, ha tenido que apagar más fuegos de los necesarios en una ciudad tan necesitada de una eficaz labor municipal. Que su papel de "madre superiora" en un conglomerado heterodoxo que, sin embargo, es el que la llevó al poder y al que tiene que disculpar algunas veces sin convicción, transmite la sensación de que pierde más tiempo en deshacer entuertos que en arreglar Madrid.

Colau, por su parte, convertida en la política emergente con mejor imagen en Cataluña (no hay que olvidar su papel en el triunfo de la coalición con Podemos en las generales de diciembre) se enfrenta ahora mismo a su momento crítico. La falta de apoyo de los independentistas a sus presupuestos la ha obligado a incorporar al PSC en su equipo, lo que ya ha suscitado su primer encontronazo con Pedro Sánchez. Al mismo tiempo, los okupas de la antigua entidad bancaria del barrio de Gracia, a los que el anterior alcalde de Convergencia, Trías, pagaba el alquiler, destrozan cristaleras, coches, motos, y todo lo que se pone a su paso al ser desalojados.

Se da la paradoja de que Ada Colau les consultó si querían que siguiera abonando a la entidad bancaria los 65.000 euros de alquiler anual y fueron los mismos okupas los que se negaron a que el dinero público "fuera a parar a manos de un banquero". Ahora pretenden que, por la fuerza y destrozando los enseres de los vecinos del barrio, se les ceda el local de gratis.

Seguramente la alcaldesa recordará los tiempos en que trataba físicamente de impedir desahucios de familias con niños y se preguntará si hubo alguna institución que pagara 65.000 euros para que no se quedarán en la calle. Y ellos sí que lo necesitaban.

Así que, al margen de la insistencia pedagógica con la que Carmena pretende instruir a los madrileños en la limpieza y las  buenas costumbres, como si fueran menores de edad o mal educados (lo que parece evidente al tirar colillas en las calles), y las salidas de tono de Colau, dirigiéndose con modos bastante "bordes" a dos mandos del ejército que la invitaban a su stand en una feria de Barcelona, de momento no han roto nada. Y su labor podría, incluso, considerarse meritoria si se compara con lo que había antes. Con la "herencia recibida".

Porque Ana Botella, en Madrid, vendió a un "fondo buitre" mil ochocientas sesenta viviendas públicas sin tasación previa y sin cumplir las normas de adjudicación. Y ahora su partido, el PP, impide que la cámara de cuentas madrileña informe antes del 26 de junio de posibles graves irregularidades en la operación. Los inquilinos de estas viviendas fueron desalojados de la noche a la mañana de sus casas dejándoles en la calle. Eso sí que es grave.

Como grave es que a Trías, en Barcelona, se le relacione con una supuesta cuenta bancaria en Andorra producto de mordidas en la etapa de Pujol.


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