Opinión / Victoria Lafora comenzó su carrera profesional en Diario 16 y participo como jefa de nacional en la salida de Telemadrid,

El CIS avisa

Por Victoria Lafora 09 febrero, 2017 - 8:00

La primera encuesta, a poco más de cien días de la confirmación de Rajoy en el Gobierno, tiene un valor simbólico que no conviene despreciar.

Es verdad que, de aprobarse los presupuestos, falta mucho para las próximas elecciones, pero también es cierto que se describen tendencias que en medio de las luchas intestinas de algunos partidos pueden definir la legislatura.

El PP, que este fin de semana va a celebrar, nunca mejor aplicado el término, un congreso de aclamación al líder y de unanimidad total, se ha quedado estancado, e incluso baja un poco, en estimación de voto. Es como si los suyos, conseguido el objetivo de revalidar el poder, dejaran de arrimar el hombro.

Su cambio de estrategia y de talante, ante la evidencia de la falta de mayoría absoluta, no le da réditos. Sigue dependiendo de Ciudadanos y, aún así, no llega.

El PSOE parece que deja de perder apoyos y, aún sin liderazgo, frena el castigo por las batallas internas. La oposición práctica, sensata y posibilista en el Congreso recibe el apoyo de los votantes que, tímidamente, vuelven a las siglas. Salvo que los militantes recuperen a Pedro Sánchez en primarias, la encuesta señala que acierta la gestora.

Ciudadanos, pese al coste de su apoyo permanente al PP, a los desplantes sufridos, a las dificultades para hacer que Rajoy cumpla los pactos, resisten pero no suben. Queda por ver si el giro al liberalismo de su congreso del pasado fin de semana les va a dar votos.

Pero la sorpresa del CIS es la posición de Podemos. Bien es verdad que en los días en que se realizó la encuesta todavía los dos sectores, pablistas y errejonistas, no habían llegado a las descalificaciones actuales. Era el momento de los: "Iñigo así no". Ahora estamos en el: o tú o yo y el que pierda al infierno. Decía Errejón ayer mismo que las declaraciones de desencanto de personas con talento como Luis Alegre o Jiménez Villarejo, que acompañaron a Podemos en sus inicios y que ahora se han alejado, son un síntoma de error en la estrategia.

La pregunta es: ¿Si se confirma la fractura de la organización, si se ratifica el poder absoluto de Pablo Iglesias, el líder peor valorado de todo el panorama político, si se produce la purga interna que ocurrió en Madrid, los votantes de talento van a seguir confiando en Podemos?.

Cuidado con los avisos del CIS.


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