Opinión / Maestra PT y afiliada a Ciudadanos Navarra.

Carta abierta a Maider Beloki

Por Sara Climent 02 febrero, 2017 - 8:06

Ha pasado ya un año. Un año desde que conocimos parte de las mentiras que rigen su gestión y que intentan maquillar actos de pura mediocridad.

Maider Beloki en la reunión de la Comisión de Asuntos Ciudadanos del Ayuntamiento de Pamplona. (1). IÑIGO ALZUGARAY
Maider Beloki en la reunión de la Comisión de Asuntos Ciudadanos del Ayuntamiento de Pamplona. (1). IÑIGO ALZUGARAY

Un año desde que concedió cierta entrevista donde mentía descaradamente. Un año en el cuál, la vida de muchas familias cambió al encontrarse en medio de un revanchismo en el que no tenían nada que ver.

El 31 de enero de 2016, concedió una entrevista a Diario de Noticias en la que, cito textualmente, aseguraba: “Hemos empezado por sacar un pliego para elaborar un estudio sociolingüístico que nos permita conocer la demanda potencial que tenemos ahora en los barrios (…) Una escuela infantil en euskera para el próximo curso será complicado, porque el estudio comienza en primavera y durará varios meses, pero es necesario tener los datos antes de tomar decisiones”.

 El 17 de febrero la comunidad educativa de EEII se enteraba por la prensa del cambio de modelo lingüístico que tan desastrosamente llevó a cabo, que ya tenía pensado y ocultado, y de cuya existencia privó a todo el mundo deliberadamente como dicha entrevista demuestra.

No sólo los cambios lingüísticos, sino una triangulación de cambios de escuelas en Rochapea y Chantrea que nadie entendía. Nadie entendía hasta hace poco.

El pasado 2 de noviembre se supo por prensa que se van a reformar 8 escuelas infantiles. Aquí se citaba lo siguiente: “Beloki ha adelantado que este plan incluye, además del presupuesto para reformas de más de 2 millones de euros, una propuesta de inversión adicional de casi 2,5 millones de euros para la construcción de una nueva escuela infantil en Lezkairu (…), lo que implicaría el futuro cierre definitivo de la E.I. Rotxapea, con problemas estructurales de difícil solución”

Bravo. La verdad, para ser algo que tantas ampollas ha levantado, esta parte no ha tenido demasiada relevancia mediática. Y la historia se las trae.

O sea, la escuela de inglés-castellano de la Rocha se trasladó a la Chantrea y la de euskera se queda en la Rocha pero en el edificio de la de inglés-castellano, que es uno de los más nuevos.

La escuela con “problemas estructurales de difícil solución”, es ahora de castellano.

Por lo tanto, la deducción es obvia. Los niños vascoparlantes están en la escuela de su barrio, grande, con capacidad de sobra (literalmente, porque sobran plazas) asegurando cero molestias a futuro y con las condiciones en las que se ha quedado la educación infantil en la Rochapea, más te vale matricularlo en euskera o irte al sector privado.

Cuándo las familias en febrero les rogaban encarecidamente que invirtieran en más escuelas infantiles, no había ni dinero, ni recursos ni otra salida más que la de expulsar a niños de la escuela en la que pensaban acabar su primer ciclo de infantil.

Que burda estratagema. Es impresionante el daño que se puede hacer en tan poco tiempo y la chulería con la que se sale del paso sin la más mínima autocrítica.

Sabía desde hace tiempo que gran parte de la ciudadanía no sólo no le importaba sino que la ignoraba deliberadamente. Pero ahora estoy totalmente segura de que siente un odio y desprecio total hacia “la otra parte”.

Empezó el desprecio cuando realizó las reuniones con las familias en las escuelas afectadas, sin datos ni intención ninguna de contestar a preguntas. Oí a algún padre decir “lo que pretenden es hacernos daño a los de castellano”. No quise creerlo, pero era verdad.

Lo único que ha pretendido, usted y sus acólitos, es hacer daño. “Revertir” una “situación de injusticia” culpabilizando de ella a los que menos culpa tenían: los niños castellanoparlantes. Las formas de realizar los cambios, el trato humillante y de desdén no fue para “remediar una injusticia de más de 30 años” (argumento repetido hasta la náusea), era simplemente para dar una lección.

De paso y ya que la ocasión la pintan calva, beneficiar ampliamente a las personas vascoparlantes. Señora Beloki, todavía la recuerdo en aquél pleno del Ayuntamiento, donde repantingada en su poltrona recordaba sus andanzas de “txiki” en manifas reivindicando el derecho a tener una escuela en euskera. La verdad, en ese momento me costó diferenciar quien era la madre que iba a rogar comprensión y quien la concejala. Son tantos años de victimismo ensayado que ya le sale sólo.

En fin, únicamente recordarle que las lenguas no tienen derechos, son las personas las que los tienen. “El aprendizaje ocurre cuando alguien quiere aprender, no cuando alguien quiere enseñar” (Roger Schank), intente pensarlo y tenerlo en cuenta en el futuro.


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