Opinión / Periodista y escritora

Mario Vargas Llosa o el precio de la felicidad

Por Rosa Villacastín 17 marzo, 2016 - 22:23

En su último encuentro con periodistas el Nobel de Literatura ha confesado que si por estar con Isabel Prysler tiene que pagar un precio, lo hará con gusto.

Una declaración valiente y sincera que ha sorprendido a quienes critican que un intelectual de su talla se preste a salir en la revista ¡Hola! como peaje para promocionar su última novela "Cinco esquinas" que acaba de sacar al mercado la editorial Alfaguara.

No creo sinceramente que Mario Vargas Llosa necesite esa publicidad, pero aún en el caso de que apareciendo con su compañera sentimental vendiera muchos más libros tampoco hay por qué rasgarse las vestiduras, ya que se trata de un medio prestigioso, que de igual manera que realiza una entrevista al escritor para que hable de su relación y de paso de su libro, se mete en los salones privados de la Reina de Inglaterra.

Hace tiempo que políticos, cantantes, actores, escritores de prestigio, optaron por acercarse a todos aquellos medios de comunicación que pudieran darles más visibilidad, con el fin de captar a un público que se les resiste. No solo porque les permite conocer ese perfil humano que no siempre aparece en las entrevistas digamos del ramo, sino porque la gente tiene curiosidad por saber cómo son en la distancia corta esos personajes a los que tanto admira.

Prueba de ello es el éxito que tuvo la vicepresidenta del Gobierno Soraya Sáenz de Santamaría la noche que apareció bailando con Pablo Motos en su programa del "Hormiguero". Nunca antes se había mostrado en público tan suelta, tan extrovertida. Una imagen que unida a la de seriedad y profesionalidad que dio en el debate de Antena 3tv con el resto de líderes políticos, le hizo ganar muchos enteros. Incluso entre aquellos que por su ideología se negaban a reconocer sus méritos.

Otro tanto ocurre con las entrevistas de Bertín Osborne en TVE. Un género que hasta hace bien poco la gente no veía, quizá por la necesidad de comprimir en apenas unos minutos lo que había sido una conversación de media hora. Pero llegó él, llegó Bertin con su simpatía, su naturalidad, metió en la cocina a sus invitados, y todo transcurrió como la seda. Alcanzando audiencias que ningún otro programa había obtenido con personajes poco dados a la confidencia como pueden ser Rajoy o Pedro Sánchez.

Recientemente estuve comiendo en casa de Isabel Preysler con Vargas Llosa, a quién conocía de sus primeros años en la Universidad Complutense de Madrid, y tengo que reconocer que sigue siendo un hombre ameno, divertido, inteligente, cuyo único pecado por lo que parece es haberse enamorado de una mujer que levanta amores y odios allí por donde va, a una edad en la que la mayoría de los hombres parecen estar de vuelta de todo. Ellos no, ellos son conscientes de que si la vida les ha unido tienen que aprovechar esta nueva oportunidad de ser felices. El resto, no creo que les importe demasiado mientras sigan sintiendo mariposas en el estómago cuando se miran.


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