Opinión / Periodista y escritora

Caritas alerta sobre el agravamiento de la pobreza

Por Rosa Villacastín 30 septiembre, 2016 - 7:48

A quienes se les llena la boca hablando del descenso del desempleo y las buenas perspectivas de la economía en España, les habrá caído como un jarro de agua helada los datos hechos públicos por Caritas.

Una institución religiosa de prestigio que el pasado año atendió a más de cuatro millones de ciudadanos, muchos de los cuales no tenían ni para comer y menos para atender sus necesidades básicas. Datos que por lo que parece no han cambiado sustancialmente según e informe dado a conocer por el secretario general de la confederación Sebastián Mora, que cuestionan el optimismo que se respira en algunos ambientes de la capital, sobre todo en aquellos en los que por supuesto no saben lo que es no tener para comprar el pan o pagar la luz.

Que la brecha entre los que más tienen y los que más necesitan de las ayudas institucionales o privadas se ha agrandado demuestra hasta qué punto la desigualdad se ha instalado en nuestro país casi de forma permanente. Un problema que parece no preocupar demasiado a quienes tienen la responsabilidad de atender a los más débiles, a los más desfavorecidos, a esos parados de larga duración a los que a diario se les cierran las puertas de la esperanza, bien porque son mayores o bien porque las ofertas de empleo no llegan a todos. A todos los que se quedaron en la cuneta debido a la crisis y que no encuentran empleo por más títulos que tengan en su haber.

Aficionada a la radio como soy invitaría a los lectores pero sobre todo a quienes ponen en duda estas cifras que al menos por una noche conecten con "Hablar por hablar" de la Cadena Ser, para comprobar hasta qué punto la situación económica y social de nuestro país es angustiosa. Padres que ya no saben donde acudir ni a quién pedir un empleo que palie en lo posible sus necesidades más acuciantes. Ancianos dependientes a los que las administraciones públicas han retirado la ayuda de la dependencia, aún a sabiendas de que no tienen ni medios ni familiares que puedan atenderles. Mujeres separadas, viudas, con personas a su cargo a los que no pueden cuidar porque les faltan las fuerzas y tienen una salud precaria. En fin una radiografía bastante certera pero sobre todo más humana de lo que puedan parecernos los números.

Confieso que aún a sabiendas de que la noche se ha hecho para descansar, tanta angustia me desmoraliza, me atenaza el alma, sobre todo después de ver el nivel de corrupción al que hemos llegado, el desfile diario de políticos por los juzgados, todos de cuello blanco, prepotentes, desafiantes que se apropiaron de un dinero que no era suyo y que de haberse empleado en dulcificar los problemas de los más necesitados otro gallo les cantaría.

328 millones destinó Caritas el pasado año en ayudar a los más necesitados. Una cifra importante de la que el 72% procede de aportaciones privadas y el resto de subvenciones públicas. Cifras que pese a lo abultadas que son no llegan para taponar tantos agujeros como tienen los ciudadanos, de toda condición social, salvo aquellos que se han enriquecido con la crisis maldita, cuyo número ha subido escandalosamente, pese a que son muchos los que se han quedado en la cuneta, muchos de los cuales pertenecen a la clase media.

Esa que fue el colchón de la economía española durante años, y de la que hoy nadie parece acordarse, sorprendidos como estamos viendo como se desangran un partido socialista al que debemos en buena parte que los trabajadores tuvieran derechos que se les habían usurpado durante años, un partido que luchó por hacer posible el Estado del Bienestar, hoy en peligro debido a la crisis pero también a políticas neoliberales que se ha demostrado solo miran por la salud económica de una minoría, y algunos por la buena salud económica de sus bolsillos.


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