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Opinión / Actualmente en Puebla (México), dirige la agencia de comunicación corporativa NICOM Comunicación y RR PP, presente en España y México.

Ventanas desde el otro lado del charco

Por Ricardo Oroz 05 octubre, 2015 - 2:12

Calor asfixiante, sombreros enormes, cactus, tequila, mariachis, burritos, la mordida, Cancún, narcotráfico, telenovelas, la Virgen de Guadalupe, frijoles… Son las imágenes que por lo general le vienen a la cabeza a un español que no conoce México.

Paella, flamenco, toros, nieve, vino, la ‘pamplonada’, el Barcelona y el Real Madrid, jamón… Son por el contrario algunas de las que tiene un mexicano que no conoce España.

Lo cierto es que todas esas imágenes son reales, o bastante reales, y cada uno de los países se conoce en cierto modo en el mundo por ellas, pero la diversidad de México y España es tal que ni en todo México hace calor asfixiante ni en toda España nieva. Ni aquí predominan los burritos, sino más bien en EE UU, ni allí se baila flamenco a todas horas. Tiempo habrá, desde esta ventana, de escribir de estos y otros aspectos.

En Puebla, cuarta ciudad de México, y desde donde escribo esta primera colaboración con navarra.com, no he pasado nunca los tremendos calores de los últimos veranos pamploneses. Ni siquiera es necesario aquí el aire acondicionado, salvo excepciones, aunque durante todo el año es posible ver la nieve en la cumbre del Popocatépetl, volcán que vigila la ciudad y sus alrededores, a veces tranquilo, fumándose un pitillo, y otras veces nervioso con un puro y su ceniza.

Por cierto, que para un navarro siempre es un gusto entrar a la catedral de Puebla y ver la bandera de la comunidad foral junto a las reliquias de Juan de Palafox, paisano de Fitero y obispo de Puebla, que tanta huella y admiración dejó en la ciudad.

También los alemanes dejan su potente huella y mandan mucho en Puebla, como en Pamplona, con sus factorías de Volkswagen en primera línea de las economías locales. La marca, tan de nefasta actualidad estos días, da empleo a casi 20.000 trabajadores en su fábrica poblana y a unos 5.000 en Landaben, de ahí la especial inquietud que se vive estos días en ambas ciudades por las repercusiones del escándalo en boca de todos. Lo que cambia radicalmente de un país a otro es la reacción de los gobiernos, de la ciudadanía, de los medios de comunicación… El escándalo da para muchas líneas, que habrá que abordar en su momento.


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