Opinión / Ha sido columnista habitual del periódico El Mundo, colaborando también con otros periódicos, revistas, programas de radio y televisión. Ha participado en el programa debate de TVE, 59 segundos.

La libertad de Rato

Por Rafael Torres 07 octubre, 2015 - 23:39

No es cosa nueva ni sorprendente la libertad de Rodrigo Rato, por mucho que escandalice ésta su enésima renovación. 

La gozó siempre, la libertad, y siempre, o casi siempre, en perjuicio de otros. La última vez que usó de su libertad a lo bestia, cuando agavilló en Bankia siete Cajas de Ahorros controladas por el PP, y, al poco, la quebró o la terminó de quebrar, el perjuicio a otros fue inmenso, insuperable: centenares de miles de españoles perdieron sus ahorros y cuarenta siete millones perdieron, con el "rescate a la banca", particularmente a la Bankia de Rato, los últimos residuos de lo que se había venido conociendo como Estado del Bienestar.

La libertad de Rato ha sido siempre tan ilimitada, tan incontrolable, tan absoluta, que incluso hoy, en sus horas más bajas, cuando sus pares y sus admiradores del Partido Popular fingen haber olvidado su nombre como olvidaron el de Bárcenas, queda libre pese a estar imputado por delitos similares a los de su testaferro, que está en la cárcel. A Rato, imputado en la causa que se sigue en la Audiencia Nacional por la salida a Bolsa de Bankia, acusado por unos cuantos delitos de esos cuyos efectos son capaces de tumbar un país, y acusado también por el uso fraudulento, delictivo, de las tarjetas negras, y relacionado, cómo no, en la pieza separada de la mega-estafa de las Participaciones Preferentes, a Rato, digo, no parecen afectarle gran cosa ni las acusaciones, ni las imputaciones, ni, como diría el nuevo Código Penal del PP, las "investigaciones".

En ésta última andanada de la Ley contra Rato por cinco delitos fiscales, blanqueo de capitales y corrupción entre particulares, todo ello presuntamente como es natural, la gente creía que, ésta vez sí, se le iba a apagar la estrella de su libertad, esto es, que el juez le iba a mandar al rincón de pensar del calabozo, pero la estrella de Rato es demasiado fulgente, es como esas que vemos brillar en la noche pese a haberse apagado hace mucho tiempo, y la fiscalía no solicitó el encarcelamiento. Sólo, como en aquella vieja canción, se le quitó el pasaporte. Lenin dijo: "Libertad, ¿para qué?" Rato siempre ha sabido para qué.

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