Opinión / Ha sido columnista habitual del periódico El Mundo, colaborando también con otros periódicos, revistas, programas de radio y televisión. Ha participado en el programa debate de TVE, 59 segundos.

El debate de la manteca

Por Rafael Torres 14 junio, 2016 - 7:59

Si, como vemos, todo parece girar en torno a la economía, y depender de ella, el debate de verdad es el que celebraron en la noche del domingo, en La Sexta, Sevilla, Garzón, Garicano y De Guindos, y no el de los cabezas de cartel del tetrapartidismo.

De la idea de que todo es política (salvo la política, cuando ésta se convierte en industria de estafadores y rufianes) hemos pasado a la de que todo es economía, perras, finanzas, especulación dineraria, presupuestos, déficit, inversiones, deuda, prima de riesgo y producto interior bruto. De la economía como un soporte o un auxiliar indispensable de la política nos hemos ido, nos han llevado más bien, a la supeditación absoluta de ésta a aquella. A los que no tenemos un duro, sino sólo un humilde título de ciudadanía, ese cambio no nos puede augurar nada bueno.

Del inmenso poder de la tiranía del dinero nos ofreció una muestra cabal, y escalofriante, el debate entre los responsables económicos de los cuatro partidos: uno de los más conspicuos protagonistas de la feroz crisis económico-financiera internacional que desencadenó la quiebra de Lehman Brothers, ese Luis de Guindos que era director en España y Portugal del dicho emporio precisamente, se permitió el lujo de mostrar a sus interlocutores la senda del buen hacer en pos de la prosperidad. Sólo Jordi Sevilla le salió al paso de semejante impostura, recordándole su responsabilidad en aquella crisis de la que, por cierto, España no ha salido porque aquí aprovechó la plutocracia para liquidar los derechos de los trabajadores, laminar a la clase media y destruir el ahorro popular. De Guindos, que acusó el recordatorio, censuró a Sevilla por esa "alusión personal".

El que no acusó otro recordatorio del representante socialista, el de que el PCE propugna la salida de España del euro y de Europa, fue Alberto Garzón, que, en la línea de Aguirre de no responder a las preguntas que le incomodan, se fue por los cerros del Úbeda, o, más exactamente, por los cerros de un pretendido e inexistente compadreo entre Unidos Podemos y el PSOE. Le vino a decir a Sevilla, como respuesta a su interesante pregunta, que no se confundiera, que el enemigo es el PP.

Poco más dio de sí el debate de verdad, el de la pasta, el de la manteca, el de ese mundo tan aciago para quienes, casi todos, sólo tenemos un pobre y depreciado título de ciudadanía.


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