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Opinión / Ha sido columnista habitual del periódico El Mundo, colaborando también con otros periódicos, revistas, programas de radio y televisión. Ha participado en el programa debate de TVE, 59 segundos.

Bankia, cinco años después

Por Rafael Torres 17 febrero, 2016 - 21:37

Bankia devolverá el dinero que sacó a la gente en su irregular salida a Bolsa, pero sigue recurriendo sistemáticamente contra la devolución

de lo sustraído en su día con las Preferentes y las Subordinadas, pese a perder no sólo la inmensa mayoría de las demandas judiciales, sino los propios recursos en segunda instancia. Lamentablemente para todos, para los ahorradores estafados con aquellos falsos productos de ahorro y para el conjunto de los ciudadanos, que tuvieron que pagar el rescate de la entidad, aquello no llegó al Supremo, que, como ha hecho ahora con las acciones, habría dictado jurisprudencia favorable a las víctimas de la monumental exacción, evitándoles ruina y sufrimiento. Cientos de millones empleó Bankia en abogados para perder los juicios de Preferentes, y los sigue empleando asombrosamente.

Centenares de miles de pequeños ahorradores, trabajadores y jubilados en su mayor parte, acudieron, inducidos por la publicidad, por una información deficiente sobre la solvencia de la entidad y por el consejo de los empleados, a la salida a Bolsa de su Caja de Ahorros de toda la vida, transubstanciada en banco. Muchos de ellos vieron, al poco, que sus flamantes acciones no valían nada, y otros las malvendieron antes de perderlo todo. Ahora, cinco años después, y gracias a las recientes sentencias del Supremo, que van a misa, Bankia devuelve las acciones para ahorrarse los cientos de millones que perdería en adelante, sí o sí, en abogados, pero en vez de limpiarse del todo devolviendo ya también lo que en cualquier caso habrá de acabar devolviendo, ahorrándose y ahorrándonos con ello el dineral de los pleitos que pierde, persevera en ese dispendio brutal que afecta al bolsillo de todos los españoles.

Bankia, en efecto, debe devolver a la sociedad hasta el último euro que recibió de ella, y justo es que principie a hacerlo, sentencias aparte, devolviendo lo correspondiente a aquellos a los que su malhadada gestión y su quiebra castigó doblemente, los accionistas y los estafados por Subordinadas y Preferentes. Con la anunciada restitución a los primeros se sanea un poco lo que, para ir cerrando la herida que ha desangrado la economía española, sólo puede sanearse del todo allanándose a las demandas de las víctimas de las Preferentes.


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