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Opinión / Ha sido columnista habitual del periódico El Mundo, colaborando también con otros periódicos, revistas, programas de radio y televisión. Ha participado en el programa debate de TVE, 59 segundos.

15-M: Ser joven no basta

Por Rafael Torres 17 mayo, 2016 - 10:12

Hay un requisito esencial, básico, para construir un mundo mejor: siendo mejores.

Los jóvenes, para esto, lo tienen más fácil, pues son bastante mejores en lo suyo que los que vamos teniendo una edad, aunque se trata de una ventaja que se desvanece pronto, con el devastador paso del tiempo. De eso iba el 15-M, de ser mejores para lograr o merecerse un mundo mejor, otra sociedad, otra política, pero han pasado cinco años de aquel acontecimiento con sede central en la Puerta del Sol, sede, a su vez, del Kilómetro Cero de todas las Españas, y aquellos jóvenes no solo son menos jóvenes, sino que en su incipiente madurez han devenido en nostálgicos precoces o en votantes de Podemos. Ser joven, qué injusticia, no bastaba.

No hace falta insistir en el apreciable legado de aquel movimiento que plantó cara a la avilantez bancaria, a la corrupción política, a los desahucios masivos y a la mendacidad del Sistema, si bien los legatarios no hemos visto todavía un duro, metafóricamente hablando, de la herencia. Antes al contrario, nos terminamos de arruinar, de perder lo poco que nos quedaba de la alegre primera legislatura de Zapatero, con la implantación de la mayoría absoluta del Partido Popular no bien se levantó el campamento de la Puerta del Sol y los comercios del lugar tornaron a vender abanicos a los turistas y lotería a los eternos perdedores. No fue culpa del 15-M, ciertamente, lo que vino después, pero sí, de algún modo, de quienes se apropiaron de la marca "sí se puede", que han contribuido a que eso tan horrible que vino después no se haya ido todavía.

Debería bastar, pero ser joven no basta. Solo ellos, los jóvenes, que son mejores, podrían tirar de ese mundo mejor que también los que andamos por el ocaso anhelamos, si es que no nosotros principalmente. Pero solos no pueden, pues entre que se deja de ser joven a una velocidad de vértigo y que entre los mismos jóvenes los hay taimados y decrépitos, el mundo nuevo se ve obligado, una y otra vez, a esperar. Pero, en fín, en tanto llega ese otro mundo, a ver si llega, por lo menos, otro gobierno.


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