Opinión / Periodista y analista político.

El vuelco como revolución

Por Pedro Calvo Hernando 11 mayo, 2016 - 0:35

El acuerdo Podemos-IU supone un vuelco muy importante en el panorama político español inmediatamente después de la disolución del Parlamento.

Un vuelco que afecta a todos y que entraña seguramente una revolución que nos libera de una buena parte del pozo siniestro en el que se nos había depositado. Y que se matiza positivamente con la oferta de Iglesias al PSOE de una alianza electoral para el Senado. Muchos observadores, entre los que me encuentro, sienten como una liberación después de tantos meses de zozobra y seguro que lo mismo le sucede a grandes capas de la ciudadanía.

Y no tanto por las consecuencias que el pacto ha de tener en la futura matemática parlamentaria como por los efectos positivos de la demostración de que el impasse era y es superable. Lo de menos es que el partido de Pablo Iglesias y sus allegados haya revalidado su protagonismo político. Lo más importante es que el eje Iglesias/Garzón significa un cambio sustancial frente a todo lo que llevábamos soportado desde el 20-D.

Y el propio líder de Podemos da la impresión de que ha hecho un esfuerzo por dejar de lado esas actitudes prepotentes y soberbias que tanto le habían perjudicado. Los efectos del acuerdo van a suponer un serio factor de dinamización política sin negar que entrañan un visible contratiempo para el resto de los actores en escena.

Efectos especiales va a tener en ese porcentaje de ciudadanos que habían entrado en zona de desesperanza, los cuales sin duda van a reaccionar, aunque no necesariamente todos para engrosar las posibilidades de victoria electoral de los protagonistas del acuerdo. Lo que sus adversarios no deberían hacer es dejarse envenenar por lo sucedido y seguir con esa actitud de torpeza reactiva, que lo único que conseguiría es contaminar de nuevo el ambiente y hacer más difícil una evolución positiva de la situación y de los acontecimientos políticos.

Me refiero en primer lugar al PSOE, ya que este partido no puede ignorar que está llamado a entenderse con la nueva coalición, tanto por sacar al país de la ingobernabilidad como para evitar el deterioro de su propia organización y su liderazgo. Convendría también que Ciudadanos obrara inteligentemente y que el PP no siguiera en esa actitud catastrofista frente a la posibilidad de un Gobierno progresista de izquierda. Recuerden todos lo que significa la democracia como sistema de libertad y de convivencia en la pluralidad.

A Rajoy, especialmente, le recuerdo que tienen fundamento las críticas que se le han dirigido por sus cuatro años largos de gobierno y por su blandura con la inconmensurable dimensión de las prácticas corruptas de su partido. Pero quédense los lectores sobre todo con la sacudida de cambio que se nos ha ofrecido.


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